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Cuatro dígitos, un bip y se abre la puerta de la oficina.

Open plan con isletas de tres o cuatro mesas dispersas por todo el territorio. En cada una, un mini-ecosistema. Dicen que hay que hacer del lugar de trabajo un espacio acogedor y cómodo, como si estuviéramos en casa. Pues no se preocupe usted. Allá vamos. Aquí la plantita. Las  más afortunadas mirando al frente, altivas ellas, tan estupendas. Las menos, chuchurrías mendigando agua y deseando convertirse en cactus. En un rincón privilegiado, las fotos. Las típicas de los niños, la pareja, la familia, las de los viajes que nos transportan de un plumazo a las Seychelles o Tordesillas, según glamur y presupuesto. Apiladas desordenadamente o en perfecto estado de revista, las montañas de papeles que ocupan un espacio de la mesa siempre escaso. Los inconfundibles post-its de todos los colores y formas, en equilibrio sobre el marco del monitor. Son los guardianes de las urgencias, los que nos gritan prioridades y marrones. El frasco de los chinos del que se asoman palitos impregnados de olor… fundamental para paliar el impacto de ciertas visitas que vieron la ducha allá por el pleistoceno. Y cómo no, las botellas de agua. Más abundante en la zona de las féminas, que se acerca el verano y conviene mantener el tipín. Como digo, cada puesto de trabajo es un micro-mundo, reflejo inequívoco de su inquilino. Sigue leyendo

Un compromiso de 8 semanas

Practico Yoga desde hace más de ocho años, me gusta, me relaja, me hace desconectar de mis rutinas diarias y además noto mis músculos y articulaciones mucho más flexibles y elásticos que cuando era adolescente. Aunque no me considero una yogui empedernida, ni comulgo con esa corriente de vida zen, alimentación ecológica y meditación diaria, reconozco que la meditación lleva un tiempo guiñándome el ojo.

Es como esa desconocida que te han presentado más de una vez pero que ha pasado desapercibida porque, aparentemente, tiene poco o nada que ver contigo, y simplemente no le das conversación. Pero luego resulta que te la encuentras en los sitios más insospechados y en los momentos más inoportunos. Otras veces, alguien te habla bien de ella y te la vuelve a presentar…¡otra vez! Sigue leyendo

Proyectos de Vida -CIVSEM-

Llego puntual y nerviosa. La cita es importante. Durante los tres próximos días voy a acompañar a un grupo de alumnos de CIVSEM a vivir una experiencia profundamente transformadora. Se encuentran en el ecuador del programa DPOP Desarrollo Personal y Orientación Profesional- y es el momento de hacer una parada para reflexionar, mirar hacia dentro. Delante de sus compañeros se preparan para exponer, en unos minutos, su Proyecto de Vida. Ni más, ni menos.

Observo a mi grupo con mucho interés a ver si por algún resquicio me cuelo dentro de sus pensamientos y escucho lo que pueda estar ocurriendo por ahí. Pero más que palabras, lo que escucho, son emociones. No me sorprende. No estamos acostumbrados a dejar entrar en nuestra cueva a cualquier desconocido, como tampoco entramos en la del vecino sin invitación previa. Pero ésta es una ocasión especial. Están aquí precisamente para eso. Para entrar en contacto con ellos mismos y abrir puertas. Es el momento de proyectarse hacia el futuro y diseñar con consciencia.

Uno a uno y envueltos en un impecable respeto, van exponiendo sus proyectos. El resto escuchamos fascinados las historias que cada cual quiere compartir. Casi invariablemente comienzan aportando contexto. Cómo no. Resultaría difícil plantearnos el futuro sin haber indagado en quiénes somos y de dónde venimos. Para algunos, volver la mirada atrás supone revivir experiencias dolorosas, recuerdos de heridas aun abiertas que la fuerza y el coraje sacan a empujones hasta liberar el alma, produciendo una auténtica catarsis. Son momentos de una increíble intensidad en los que la ternura de las miradas proporciona el sostén emocional que la persona necesita y agradece. Para otros, recordar lo que fueron y vivieron representa un paseo más liviano. Quizá no tuvieron que atravesar las mismas colinas empinadas y pudieron disfrutar del camino sin grandes sobresaltos. O quizá, sí. Puede que se encontraran con  escollos incluso mayores y tuvieran a mano los recursos que necesitaban para salir fortalecidos de sus experiencias y sean hoy un modelo inspirador para los demás.

Han ido abriendo las puertas de su hogar interior y ahí, en la intimidad de la penumbra, hemos encontrado un rinconcito en el que compartir necesidades, anhelos profundos, inquietudes. Y en ese espacio no hacen falta capas ni disfraces, nos basta y nos sobra con ser nosotros mismos y hablar desde nuestra autenticidad sintiéndonos acogidos en la escucha amorosa de los demás. Y es precisamente la escucha la que nos permite ir recogiendo pedacitos de vida, que como tesoros, nos muestran algo que necesitamos aprender. Es la escucha la que nos abre los ojos a una mirada diferente, la que nos ayuda a comprender, a derribar muros…

Poco a poco el entusiasmo se hace presente y se perfilan los proyectos de vida. Algunos tímidos, otros más atrevidos. Todos ellos cargados de ilusión y esperanza. Escuchamos palabras como quiero dejar de, me he dado cuenta de, voy a incorporar, escuchar, ahora entiendo la palabra respeto… y tantas otras expresiones que ofrecen a sus mentes y a sus corazones un nuevo lienzo sobre el que pintar. El latido del grupo anima y respalda a cada persona para que siendo muy consciente de su valor y la responsabilidad que tiene sobre su propia vida, empiece a dar los primeros pasos hacia esa vida que proyectan.

Seguimos caminando, ahora transformados por esta experiencia en la que hemos aprendido lo necesario que es mirarnos y mirar con compasión, reconociendo que es mejor ir pasito a pasito, suave-suavecito, como la canción, sabiendo que cada milímetro que avanzamos es un triunfo. Salimos con las emociones que proporciona la conexión sincera con los demás, que unen y reconfortan, teniendo claro que el cambio pasa por una decisión personal y una acción, como punto de partida.

Nos vamos soltando certezas y abrazando incertidumbres, con un lienzo en blanco, colores y pinturas. Dispuestos a experimentar nuevas texturas, difuminar, aplicar el juego de luces y sombras, poniendo el punto de fuga donde corresponde para que la composición tenga sentido, arrancando de las entrañas esa obra de arte que puede ser nuestra vida.

Mi agradecimiento y admiración infinitos al equipo y formadores de CIVSEM y a la Fundación Tomás Pascual Sanz y Pilar Gómez Cuétara por hacer realidad la transformación de tantas personas.

Ana

De lunes o de lujo

09:00 en punto de la mañana. Entro en la oficina en mi primer día de trabajo. Recién salida del horno. Experiencia cero. Ganas e ilusión, diez. Avanzo por los pasillos hacia la mesa que voy a ocupar desde hoy, hasta Dios sabe cuándo. Me presentan a unos y otros y yo sonrío muy educada. El torrente de emociones que pulula a sus anchas es curioso. No solo el mío, también el que intuyo en la sala. De golpe y porrazo trazo un mapa en el que voy poniendo chinchetas de colores. Flanco sur: sujeto delgado, moreno y con cara de pocos amigos. Le asigno una chincheta marrón oscura.  A su derecha y de espaldas, una pelirroja de aspecto desenfadado, con cara de lista, sonrisa franca y dentadura impoluta. Me gusta, así que para ella, la verde. Si miro a mi izquierda me topo con un tipo imponente que además lo sabe. Me saluda con un bienvenida al barco de esos que derriten el esqueleto. Por lo bajini respondo pues yo ni te cuento. Lo único que le reprocho es el tubo entero de gomina que se ha echado en el tupé. Una pena. Para él una naranja. Si apunto al norte me encuentro con un caballero de los de antes. Un señor entradito en años, con traje oscuro a medida, corbata clara, gemelos en la camisa. Por su aspecto y su aire confiado resuelvo que es el jefe. Me ha hecho sentir en casa. Sin duda, la azul es suya. A su lado pero en las antípodas, me mira una mujer enjuta, igualmente trajeada. Su gesto estirado y el rictus sobrio me dicen a gritos que cuanto más lejos mejor. Miedo, da un rato, así que le doy la morada. Por fin, como si lo hubiera estado buscando, me encuentro al dueño de la roja. Un chaval bajito, pelo de punta, vaqueros desteñidos y cara de guasa. Me planta un par de besos y con un guiño conectamos inmediatamente. En cuestión de minutos tengo la orografía bastante bien definida.

Con el paso de los días y los meses voy mejorando mi mapa, matizando unos colores, realzando otros. Me sirve de guía para moverme por el terreno. Me muestra las zonas umbrías por las que ir con cuidado, las aguas tranquilas o las más revueltas. Me ayuda a localizar puntos estratégicos en los que repostar para coger fuerzas y llenar mis motores, como si de gasolineras se trataran. Y con el mismo tino, me avisa de otros donde ocurre lo contrario, como me descuide, me drenan hasta la última gota. Sigue leyendo

DE ETIQUETAS Y ABALORIOS

”Hola me llamo Pedro y soy arquitecto”, ¿Cuántas veces al presentarnos ante alguien lo primerito que sale de nuestros labios es algo así? A veces hasta nos definimos por lo que tenemos, “Hola, soy Eduardo y tengo cuarenta años y dos hijos”. Por no mencionar el poco favor que están haciendo los medios publicitarios con sus campañas para que nos identifiquemos con sus marcas y productos. No es raro escuchar “Yo es que soy de más de Apple que de Samsung”, o  “de Coca Cola más que de Pepsi”, o de “BMW más que de Audi”.  

“No somos lo que hacemos ni lo que tenemos”, entonces ¿por qué nos encanta colgarnos al cuello tantas etiquetas? Etiquetas que nos adornan cual abalorios, collares o medallas, etiquetas  que cuentan nuestra vida, lo que nos gusta, lo que hacemos, lo que tenemos y  que lucimos orgullosos allá por donde vamos, en vivo y en directo, e incluso on-line en Facebook, en twitter  y mil medios más. Junto a estas etiquetas autoimpuestas están las que nos cuelgan los demás. Vamos, que somos un puesto de bisutería ambulante. Sigue leyendo

A mí nadie me va a pillar en…

He escuchado esta frase hace unos días y he decidido incorporarla a mi repertorio. La traigo por si alguien quiere incorporarla al suyo.

La frase completa es “a mí nadie me va a pillar en la descalificación ni en los chismes”. La propietaria de la frase hablaba de situaciones laborales muy cotidianas que hemos podido vivir cualquiera.  Situaciones de todo tipo, en las que si no es el cliente y sus exigencias, es el director y sus bemoles, las batallitas de poder, los rifirrafes entre compañeros, el fíjate a quién han promocionado, o mira ese trato de favor que clama al cielo. Pero no se trata solo de ese entorno, parece que nos va la marcha en todos. Sólo hay que mirar cómo nos lo pasamos hablando del cochazo de la vecina del quinto, el novio rapero de mi prima, el de enfrente que ni saluda o lo de mi cuñada que no tiene nombre. Total, estoy hablando de situaciones del día a día, de relaciones, de personas que conviven con personas, muchas veces durante interminables horas, sobre todo si se trata de trabajo.

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La cuestión es que nos vemos con relativa frecuencia expuestos al clásico déjame que te cuente… seguido de lindezas varias y de un rostro expectante dispuesto a recabar apoyos, compadreo o tanta información como seamos capaces de filtrar. Y con la misma frecuencia somos nosotros los que ejercemos ese papel. Me temo que pocos se salvan. Sigue leyendo

Tarjeta de presentación

Recientemente he elegido el método pilates para mantener la espalda en su sitio. La mía tiene una tendencia extraña a descolocarse, a no ajustar cada hueso y músculo en el lugar que corresponde. Es curioso que algunas contracturas se instalen como quien alquila un pisito en el centro para quedarse. Bien, pues parece que este método funciona porque siento cierta mejoría que me anima a seguir adelante. Y para hacerme la vida más fácil y no ir corriendo de un sitio a otro como una desmelenada, he decidido hacerlo en casa a mi ritmo.

Para ello, me doy una vuelta por un gran almacén en busca de mi kit-pilates. El dependiente que me atiende, súper amable por cierto, me echa una mirada de arriba abajo sin ningún pudor. Pensemos que es para valorar la materia prima desde un punto puramente técnico. Ni idea del veredicto. Casi mejor. “Una colchoneta, un aro, una pelota, unas cintas para estirar …”  enumera sólo lo básico. Le agradezco su visión profesional y sus consejos. Pertrechada salgo orgullosa y dispuesta a enderezarme. Sigue leyendo

Héroes del Silencio

El post de hoy podría tratar del mítico grupo de rock español famoso en los ochenta y que tanto llenó nuestros silencios adolescentes. Sin embargo, me voy a permitir usar el nombre del grupo para reflexionar precisamente sobre el significado y valor que últimamente estoy descubriendo en este escaso pero cada vez más necesario silencio.

silencioCuando decidí comprarme el libro “Silencio” del maestro budista Thich Nhat Hanh, no andaba yo precisamente falta del tan preciado silencio, o al menos eso creía. Volvía de unos días de vacaciones tranquilas y  había descansado, desconectado, leído y reflexionado. Incluso había meditado regularmente y, claro, sentía que algo de ese silencio habitaba en mí ¡Qué ilusa!

Al leerlo, enseguida me di cuenta de que el silencio auténtico, ese silencio interior, ese denominado por el autor “noble silencio” es digno de verdaderos héroes. Primero por lo difícil que resulta acallar los ruidos externos que nos bombardean constantemente, y segundo porque parece como si nos diera miedo estar en silencio. Sin darnos cuenta tratamos de llenarlo, ponemos la televisión o la radio al llegar a casa, vamos con cascos por la calle, trabajamos con hilo musical… Y cuando conseguimos apagar esos ruidos de fuera, resulta que encendemos la radio del pensar sin parar. Rumiamos lo que nos ocurrió con nuestro jefe ayer, pensamos en la lista de la compra o en lo que le voy a contar a mi amiga. Sigue leyendo

Las palabras y su magia

Creo que es la fascinación por las personas la que me ha convertido en una cotilla impenitente y  la que me azuza a conocer a cuantas más mejor y si son muy distintas a mí, mejor si cabe. Si no puede ser en vivo y en directo, opción número uno en la parrilla de opciones, tengo a mi disposición una jartá de medios. Tantos libros, documentales o sitios en la web como para vivir mil vidas más, sin olvidarme de los grandes balcones de nuestra tierra, opción barata y divertida por excelencia. Me refiero a las terracitas con su cerveza bien fría y pincho-que-no-falte, si es usted tan amable. Las concurridas playas en las que nuestros guiris y algún que otro nacional se torran en su ansia por acaparar sol. Y cómo no, las inconfundibles sillitas de enea que los ancianos de los pueblos colocan de forma estratégica a la orilla de sus casas, para pillar sombra y buenas vibraciones. Ellos sí que saben de feng shui. Todas ellas se convierten en estupendos patios de butacas desde los que observar al personal. Observar sus caras, sus risas si tenemos suerte, su mala baba si tenemos menos, o lo que sea que nos quieran ofrecer. Casi todo observable, si uno está dispuesto a tomarse el tiempo o es lo suficientemente cotilla, como yo.

Y entre los medios que tengo a mi alcance hay uno que me resulta bastante práctico, Sigue leyendo

Personas tesoro

Hoy me apetece mucho hablar de esas personas a las que acudimos cuando algo nos tiene la mente y el corazón encogidos. Cuando la preocupación es tan grande que ocupa casi todo el espacio del pensamiento y deja cerrada la puerta sin permitir que entre apenas nada. Y no solo la mente nos invade con su dale-que-te-pego  sino que además nuestro sentir lo notamos en un cuerpo a veces agitado y tenso, otras lastimero, sin fuerzas, otras… con una sensación general de angustia que nos priva de paz. Y esa paz es justamente lo que necesitamos para afrontar lo que nos ocupa. 

mujer-preocupada

Para encontrar esa paz que anhelamos disponemos de nuestro maletín de la alegría personal al que podemos acudir para buscar las herramientas que nos ayuden a salir del estado emocional en el que hemos decidido no continuar. Se trata de todo aquello a lo que hemos ido recurriendo en nuestra vida para Sigue leyendo