Personas tesoro

Hoy me apetece mucho hablar de esas personas a las que acudimos cuando algo nos tiene la mente y el corazón encogidos. Cuando la preocupación es tan grande que ocupa casi todo el espacio del pensamiento y deja cerrada la puerta sin permitir que entre apenas nada. Y no solo la mente nos invade con su dale-que-te-pego  sino que además nuestro sentir lo notamos en un cuerpo a veces agitado y tenso, otras lastimero, sin fuerzas, otras… con una sensación general de angustia que nos priva de paz. Y esa paz es justamente lo que necesitamos para afrontar lo que nos ocupa. 

mujer-preocupada

Para encontrar esa paz que anhelamos disponemos de nuestro maletín de la alegría personal al que podemos acudir para buscar las herramientas que nos ayuden a salir del estado emocional en el que hemos decidido no continuar. Se trata de todo aquello a lo que hemos ido recurriendo en nuestra vida para sentirnos mejor ante un momento de incertidumbre, inquietud, dificultad. En él se encuentran las personas, ideas, pensamientos, canciones, oraciones, danzas, imágenes,  mascotas, los planes, recursos, lugares, refranes, olores, libros, caminos…. Que conforman un increíble kit de recursos que nos impulsan a recuperar la calma, el sosiego emocional, la alegría. No están ahí por casualidad. Ha sido una labor de años tejida con nuestras experiencias de vida. Por tanto, ese maletín tendrá tintes muy personales. Cada uno lo habrá ido alimentando con lo que le ayuda,  aunque me atrevo a decir que lo que a ti te sirve, es posible que me pueda servir a mí también. El tema es que quizá nuestro maletín de la alegría está tan escondido que no somos capaces de encontrarlo y buscar lo que necesitamos. Por eso lo traigo hoy, para que seamos conscientes de su existencia y su enorme utilidad.

El mío tiene buena pinta. Bastante lleno y con hueco para más. Ya me encargo yo de sacar la caña de pescar de vez en cuando, en busca de algo nuevo con lo que rellenarlo. Atención aquí. Nadie va a venir a llenar el mío, así que más me vale mantenerlo bien de stock, para cuando me haga falta, que nunca se sabe. Y aunque bien surtido, confieso que siento debilidad por las personas. Son ellas las que se asoman por las rendijas de mi maletín ávidas de ser elegidas. Y en ese momento de elección me veo ante el reto de elegir a la persona idónea. Tengo que ir con tino, por ellas y por mí. Creo que no debo arrojar sin pudor mis cuitas a aquellas a las que, por buscar consuelo, se queden con mis penurias en su bandeja de entrada sin saber muy bien qué hacer con ellas. Tampoco creo que sea bueno recurrir a las que tienen más batiburrillo mental que yo, menos claridad mental si cabe. Poco favor mutuo nos haríamos.  Parto de la idea de que todas esas personas que se asoman en mi maletín, todas, tienen algo maravilloso que ofrecer. Si no es la palabra y el consuelo, quizá sea la risa, el afecto, el cariño o la compañía. Saber aceptar a cada cual tal como es, es el punto de partida. Pretender que sean distintos o como a mí me conviene es darme innecesariamente contra un muro.

Afortunadamente hay personas con una sensibilidad especial y que son un gran tesoro para los demás. A ellas me dirijo.

A ti

Que compartes conmigo un tiempo casi siempre escaso

Que dejas de lado tus juicios para escuchar desde el corazón

Que me brindas tu visión de forma desinteresada

Que no me quitas la palabra

Que respetas mi emoción, la que sea

Que buscas mi bien, no el tuyo

Que me aceptas tal cual soy

Que me ofreces un espacio, sobre todo en tu interior

Que no dudas en poner los puntos sobre las ies si mis razones se alejan de la realidad

Que me ayudas a relativizar y priorizar    dos-mujeres-hablando

Que propones y no impones

Que manejas los silencios como un malabarista

Que imprimes calidad y calidez a nuestras conversaciones

Que no compras mi versión por mucho que te apetezca

Que con tu agudeza mental sabes tirar de chistes para darme un respiro

Que al acabar, la nueva emoción con la que me voy me permite ver más posibilidades

Que me haces crecer

A ti, GRACIAS.

Aprendamos a ser esas personas tesoro.

Ana

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