TRANSFORMATION GAME (Octubre 2019)

Esta semana comenzamos las jornadas de Team-Building con Transformation Game en el Colegio Vallmont. Esta vez toca a los chicos de ESO y Bachillerato vivir a experiencia de transformación de sus grupos en verdaderos equipos.

 

Una dinámica amena y divertida en la que, con ejemplos y situaciones, todos reflexionamos sobre las diferencias entre un grupo y un equipo.

Una dinámica práctica en la que, con un juego de preguntas y repuestas, aceptamos el reto transformar nuestro propio grupo de trabajo en lo más parecido a un equipo.

 

Una dinámica donde practicamos el RESPETO, la ESCUCHA y en la que ganamos CONOCIMIENTO Y CONFIANZA entre los compañeros de clase.

 

¡ESTOS SON NUESTROS VALORES, QUEREMOS SER UN EQUPO!

Mindfulness en las Escuelas

“Crear un lugar seguro para el aprendizaje de nuestros niños podría empezar por crear un espacio para que ellos respiren”              

                                         (Caren Osten Gerszberg)

Se escuchan carreras y algún salto por el pasillo, risas y alboroto, algún grito más alto que otro.  Los pequeños del cole, 4 y 5 años, dejan el patio y se dirigen al aula Mindfulness. Mientras se descalzan, una música pegadiza empieza a sonar y los más rápidos se ponen a danzar y saltar por la sala entre las esterillas que forman un círculo en el suelo. Neyla viene hoy cansada del patio y se sienta sin más. Sara saca de su bolsillo una pequeña figura con forma de oso y me la enseña, quiere que hoy nos acompañe en la sesión. Isabella tiene energía para dar y tomar y no para de moverse saltando y mirándose en los espejos. Ocupo mi esterilla y detengo la música, sujeto el cuenco entre mis manos y espero a que cada uno ocupe su lugar. Cada uno necesita su tiempo, un tiempo que cada día es diferente, y todos lo sabemos. Sabemos esperar y lo hacemos, lo importante es darnos cuenta de que ahora vamos a calmarnos, necesitamos calmarnos y cuando estemos todos sentados el cuenco sonará….

¡Hoy me tocaba a mí el cuenco!, ¡Era a mí!, ¡Yo hace mucho que no lo toco!

Pero llevamos un orden y no hay duda. Leo sujeta con su mano el cuenco tambaleante….”Atención postura atenta, espalda felíz, ojos cerrados….voy a golpear el cuenco una vez y cuando no suene levantáis la mano”… Respiramos tres veces por la nariz y tras algunos rugidos de mocos, susurros y risillas…el gong sonoro del cuenco y el ansiado silencio.

Una vez abierto el espacio Mindfulness, ese silencio viene seguido de un momento de calma y escucha, un momento muy especial para cada uno de nosotros….”¿Cómo estás Paula?, ¿Cómo te sientes hoy?, ¿Qué necesitas?”… Es un momento de compartir, de atención al compañero, de risas y confidencias, de tristezas y preocupaciones que salen a relucir junto con alguna queja o enfado. Observamos y sentimos, elegimos que hacer con lo que sentimos…”¿Qué pasaría si….y si….¿probamos?”

 

MINDFULNESS ES UNA PODEROSA HERRAMIENTA QUE AYUDA A LOS NIÑOS A CALMARSE, A DESARROLLAR SU ATENCIÓN Y RELACIONARSE EFICAZMENTE Y DE FORMA SANA CON LOS DEMÁS. HABILIDADES QUE SON FUNDAMENTALES PARA LA ETAPA ESCOLAR Y PARA LA VIDA EN GENERAL.

Vivimos rodeados de multitud de estímulos, conectados día y noche con las nuevas tecnologías, recibiendo información de todo tipo y realizando sistemáticamente varias tareas al mismo tiempo. Sin embargo, nuestro cerebro está programado para llevar la atención a una sola tarea cada vez. ¿Cómo lo hacemos entonces? Pues a base de desplazar continuamente nuestro foco de atención de un lado a otro, en décimas de segundo.

Conduzco –  pienso en la reunión de la tarde – conduzco – llamo con el manos libre – conduzco – vuelvo a repasar la reunión – conduzco – memorizo la lista de la compra – aparco – pido cita en el dentista…

 

Es lo que llamamos tener una “mente de mono”, saltando de un lado para otro y sin focalizarse en nada en concreto. Una mente que probablemente acaba quemada y agotada por el estrés cada día, por no mencionar los errores y despistes que comete por falta de atención. Una mente poco eficaz y nada saludable.

Nuestros niños viven también inmersos en esta dinámica, la observan y la absorben. Y luego vemos los efectos en ellos, estrés, falta de concentración, despistes, hiperactividad, poco rendimiento académico, ansiedad, impulsividad entre otros muchos, que pueden incluso afectar a su salud física. Dolores de cabeza, malas digestiones, insomnio, erupciones cutáneas….

Valoramos que sean rápidos y queremos que aprendan sin esfuerzo, sin caerse, sin frustrarse sin saber que ese culto nuestro a lo inmediato y rápido genera en ellos la incapacidad de espera y una falta de tolerancia a la frustración. Criamos niños exigentes, impacientes, estresados y ansiosos. Poco preparados para el esfuerzo y la perseverancia. Dependientes y con poca capacidad de imaginación y disfrute. 

“¿Qué juego hacemos hoy? ¿Qué has traído?”…..pregunta Andrea. “Yo hoy estoy cansada, no voy a mirar mucho, pero os veo desde aquí tumbada en la “corchoneta”…dice Neyla.

LA CLAVE ESTÁ EN OFRECERLES TIEMPO DE CALIDAD, TIEMPO PARA PARAR, OBSERVAR, IMAGINAR Y DISFRUTAR. TIEMPO PARA ENTRENAR Y CULTIVAR LA ATENCIÓN. 

Atención a lo que ocurre cuando está ocurriendo. Para desarrollar los sentidos, potenciar la memoria y expresar su creatividad. Juegos de atención, retos, prácticas sensoriales, movimiento y visualizaciones….

Tiempo para sentir y darse cuenta de cuando se aburren, se enfadan, se ponen tristes o algo les hace disfrutar. Tiempo para experimentar la libertad de elegir qué estímulos seguir y qué actitud tomar desde la responsabilidad.   

“Bien, Neyla, te has dado cuenta de lo que necesitas ahora. Si descubres algo y quieres, nos lo puedes contar”

Tiempo para darse cuenta de qué ocurre si reaccionan de una forma o si deciden actuar de otro modo. Tiempo para escucharse y escuchar, para conocerse y conocer. Tiempo para aprender a vivir el presente de forma más consciente.

Al coger las colchonetas para la relajación final, María comenta:

“No quiero estar sola para respirar mi aire y ver mi mente, ¿puedo estar con Candela y compartir?”

Valle del Chota, algo más que un río y una autopista

El primer día que llegas al Valle de Chota-Mira, el paisaje te impresiona. Mires hacia donde mires encuentras montañas, unas altas y empinadas, otras más bajas y redondeadas salpicadas de pequeños parches verdes. El color gris de la tierra se torna anaranjado en las laderas de esas montañas y según desciendes hacia el río el paisaje es verde y más frondoso. Entre tanta sequedad me llamó mucho la atención el río caudaloso que transcurre rápido atravesando el valle que lleva su nombre.  En unos tramos Chota y en otros Mira. En él y en su agua reside uno de los principales motivos del trabajo que AYUDA EN ACCIÓN (PINCHA AQUÍ) realiza en esta zona del norte de Ecuador.

Las comunidades de esta zona son pequeñas y muy dispersas en tan complicada orografía. Apenas se divisan las unas de las otras debido a las montañas y colinas que las separan. En algunas comunidades la mayoría de la población es de origen afro y sus habitantes de raza negra. Como Melany, la niña que apadrinamos desde hace casi ocho años. ¡Qué emoción conocerla por fin!

 

 

Tan solo una autopista, la Panamericana, cruza el valle. El resto son carreteras estrechas  y caminos de tierra empinados, llenos de curvas y baches que solo camionetas como las del equipo de AEA pueden recorrer cada día para visitar las diferentes aldeas.

Ya el segundo día me paré a pensar….un río y una autopista, agua y movilidad, recursos imprescindibles para garantizar desarrollo y calidad de vida. ¿Cómo hacer que lleguen a todos estos habitantes tan dispersos? ¡Qué gran reto!

Reservorios de agua para las grandes plantaciones de mango y aguacate, sistemas de riego a pequeños agricultores, seguimiento y formación para el control de plagas. Gracias, Sandro, por tu gran sabiduría agrícola. Me encantó ver cómo, además, sacan partido a lo que tienen y crece con poca agua ¡el higo chumbo!  Lo llaman tuna, y es que el muy tuno tiene un montón de propiedades nutritivas y sirve para reducir el colesterol, mejorar la digestión, y hasta para hacer cosméticos y cremas. ¿Verdad, Silvia?

La mitad de mi equipo de voluntarios participó en el reparto a familias de filtros para potabilizar el “agua de llave”. Porque afortunadamente el agua llega hasta sus casas y sus grifos, pero desgraciadamente no es potable aunque ellos la beben. Tuve la suerte de acompañarles un par de días y disfruté mucho haciendo el esfuerzo por conectar con las familias y hablar su idioma… ¿alguien sabía que limpiar y lavar no significa lo mismo?

El tercer día conecté con Isabel y me uní a su gran labor educadora y defensora de los derechos de la infancia en estas pequeñas comunidades. Con paciencia y entrega esta gran mujer de principios sólidos, alma generosa, y tímido sentido del humor, recorre cada día los tortuosos caminos que unen las distintas poblaciones para reunirse con los niños que en ellas habitan. Con juegos, canciones y manualidades arranca sonrisas que ella va recogiendo en su mochila. A cambio de esta preciada cosecha, Isabel va sembrando en ellos semillas de igualdad, tolerancia y respeto. Derechos, entre otros, que llevan trabajando tiempo, pero que cuesta poner en práctica en el día a día. Rosita, con su alegría y gran sonrisa, nos contó su trabajo con los jóvenes en las reuniones de los sábados. Estos jóvenes se convierten en referentes en la defensa de derechos en su comunidad y tuvimos la suerte de acompañarlos en una acampada en la que hubo de todo: reflexión y trabajo, juegos, comida, música, baile… ¡mamarre, mamarre!…

A partir del cuarto, quinto y….hasta el último día de mi estancia allí, me permití abrirme a lo que viniera, a dejarme llevar, a admirar esa dedicación de las mujeres ecuatorianas, valientes y capaces, duras y responsables. A aprender de esa alegría de la gente, de sus buenos modales en el trato y a sorprenderme de que tener familia en determinados países es un lujo y no un derecho. Un lujo como es para mí haber vivido esta experiencia precisamente con mi familia y tres compañero/as que son ya como si lo fueran. ¡GRACIAS ECUADOR!

La bailarina de Auschwitz, Edith Eva Eger

Una vez más llega a mis manos un libro sobre el pueblo judío y una vez más me adentro en su lectura, ávida por conocer. En este caso es la historia de Edith Eger, superviviente del campo de concentración de Auschwitz. No sé que tiene la historia de este pueblo que tanto me atrae, quizá sea porque durante una época compartimos tierra y avatares y su ausencia me produce tristeza y la nostalgia del país que podíamos haber sido, de estar aún entre nosotros.

Las reseñas del libro hablan de una historia de superación ante las adversidades. Yo más bien creo que es una historia de amor. Amor por la vida. Y en paralelo, la necesidad de ser amado, de pertenecer, de ser reconocido.

Edith nos deja un maravilloso legado en forma de innumerables aprendizajes a partir de vivencias extremas y de su forma de encarar la vida tras la liberación. Creo que ella se alegraría al saber que su experiencia es de utilidad para nosotros, tan ajenos a los campos de exterminio nazis, pero en ocasiones, tan prisioneros de nosotros mismos en nuestra propia mente, como ella explica.

La autora menciona a su amigo y mentor Viktor Frankl y su libro El hombre en busca de sentido, en el que llega a la conclusión de que la persona que encuentra un sentido a su vida, un para qué, tiene más posibilidades de salir adelante, de sobrevivir. La privación de nuestras libertades es posible, pero la única que nadie puede arrebatarnos es la libertad de elegir cómo queremos vivir las situaciones que se nos presenten. Nuestra actitud, es una elección personal. No depende de las circunstancias. Y añade, si somos capaces de encontrar un sentido a nuestra vida, entonces seremos capaces de elegir esa actitud.

Ya a Epicteto, filósofo griego del siglo I, se le atribuye la idea del “albedrío” como nuestra capacidad de elegir en cada momento qué y cómo pensamos: la libertad pura. Decía que no nos perturba lo que nos ocurre, sino lo que pensamos de ello.

Creo que ambos autores inciden en la misma idea y nos dan claves para replantearnos nuestra forma de vivir las circunstancias que nos encojen el alma. Sin embargo, una cosa es entenderla y otra bien distinta llevarla a la realidad y hacer exactamente eso, usar nuestra libertad.

Para reflexionar sobre esta idea, solo una de tantas de este maravilloso libro, empiezo por preguntarme ¿qué es lo que compromete nuestra libertad?.

 

Voy a ir abriéndome camino a través de preguntas y respuestas.

¿Qué sabemos de nosotros mismos?

Creo que este es el punto de partida. Cuando nos vemos atrapados en una situación que nos parece muy difícil de manejar, cuando esta situación nos bloquea, nos atenaza el miedo, la ira o la tristeza y entramos en bucle dándole vueltas y más vueltas, seguramente estamos reaccionando ante ella de la misma manera que lo hemos hecho en situaciones parecidas durante años, dando la respuesta por defecto, la que nos sale de dentro sin más, la automática. Podemos seguir así toda la vida, viviendo y reviviendo los mismos ataques en situaciones parecidas. Pero también podríamos hartarnos de nosotros mismos y soñar un escenario diferente. En ese caso urge una parada en seco para observar qué es lo que está ocurriendo y analizarlo. Esto requiere muchísimo entrenamiento. Parece simple, pero no lo es. El solo hecho de querer parar a observar indica que quizá, sólo quizá, me quiera plantear mi mundo más allá de mi ombligo, que quizá quiera empezar a mirar dentro de mí qué es lo que a mí me pasa para que esa situación me saque de mis casillas, me paralice, me llene de rabia… Resulta de gran ayuda observar a otras personas en situaciones parecidas y ver cómo reaccionan. Es posible que muchos sean de los míos y su ejemplo no me sirva… pero salvo que estemos en un entorno de borregos absolutos, también es posible que haya alguien que ante una situación parecida dé una respuesta original. Bingo. Me hará ver que la mía, no tiene por qué ser la única opción. Es el momento en el que podemos tomar consciencia de nosotros mismos, de empezar a conocernos.

¿Toma de consciencia?

Para mí la toma de consciencia tiene que ver con despojarme de mentiras que me ha ido creyendo sobre mí misma y bucear en mi mirada y en mi corazón. Tiene que ver con descubrir, con sacar la lupa y husmear en cada rincón para conocer cómo pienso, qué emociones predominan en mí, cuáles son mis comportamientos, de qué forma me miro y miro a los demás, cuáles son mis sueños, cuáles mis miedos, mis angustias, qué me hace vibrar. La lista es larguísima y hay que ir poco a poco con la bandera de la humildad y el coraje desplegada. El paisaje que nos vamos a encontrar es al mismo tiempo desierto y oasis y mi mejor compañero para transitarlo será el Amor con mayúsculas, que me ayudará a comprender, dar sentido, suavizar, aceptar y amar cada granito de ese océano de arena.

¿Qué cadenas nos impiden ser libres?

Cuando ponemos sobre la mesa nuestros tesoros internos, veremos que algunos son liberadores, expansivos, llenos de vida y otros sin embargo son como cadenas que nos atan y nos hacen caminar cojeando. Hacia los primeros, gracias, infinitas gracias. A los segundos, hete aquí, pasa y hablamos. Y me remango. Me hago responsable de ellos. La libertad viene de la mano de la responsabilidad, como dice Edith Eger. No son los otros los que me provocan esto o lo otro. Es mi yo más profundo el actor principal y al que le queda mucho por aprender. Así que me preparo para trabajar sobre ellos, para saber qué color, olor y textura tienen. De qué forma limitan mi vida e impactan en la de los que me rodean, de qué manera me incapacitan para dar las respuestas que yo quiero dar, cómo influyen para quitarme la paz que tanto ansío. Todo eso está dentro de mí, raramente fuera. Y por eso hay que remangarse, no queda otra. Conviene conocer cuáles son mis rencores, mis angustias, mis reacciones automáticas, mis anhelos, mis necesidades más escondidas, mis intenciones reales, mis inseguridades, el tamaño de mi ombligo o los límites de mi victimismo… por decir algunos. Y cuando tengo cierta claridad sobre ellos espero a una ocasión propicia para observarme, tipo sabueso detrás de la presa. Tranquilos, la presa no se hace esperar. Bang. Aparece. Algo me quita la paz. Ahí está la ocasión. Con mi pequeño arsenal de aprendizajes me pongo detrás de la barrera  para tomar distancia y observo de qué está compuesta mi cadena y la gran bola en el extremo. Es el momento de escuchar el ruido estridente que produce a mi paso, lo que provoca en los demás y la estela que deja. Tengo que reconocer que este trabajito es solo para valientes. En medio de la tormenta a ver quién es el guapo que es capaz de asociar rayos y truenos con cadenas y bolas. Más bien nos inclinamos a pensar que la borrasca llegó de forma repentina por el noroeste, como siempre y hala, a correr, como siempre.

¿Qué pasaría si nos quitáramos las cadenas?

Si hemos realizado un dibujo minucioso de nuestras cadenas y conocemos las consecuencias de arrastrarlas, es el momento de decidir qué queremos hacer con ellas. Ay amigo, ese es un pedazo de reto. A veces preferimos mantenernos en la indiferencia, la rabia, el victimismo… algo sacamos de ello. Y como contrapartida vivimos una vida mediocre, estéril, infecunda. Pero hay personas que, enamoradas de la vida,  prefieren atreverse a romper con ellas. Ese es el principio de la libertad. Sin cadenas somos libres para decidir qué hacer, cómo actuar, qué respuesta dar, qué sentir, con qué actitud vivir… No sentir ningún peso que nos arrastre es como volar. Como volar por encima de nosotros mismos y de las circunstancias.

¿Y qué hacer con esa libertad?

Esta es la pregunta. Y para mí solo hay una respuesta posible. Ser libre consiste en querer elegir amar, perdonar, dar una y mil oportunidades, olvidar, comprender, entrar en el corazón del otro como el que entra en una capilla, porque es terreno sagrado. Solo así, somos realmente libres y vivimos una vida con sentido.

Desde este pequeño rincón, un millón de gracias, Edith, por enseñarme que la prisión es una elección, igual que lo es la libertad.

Ana

CREANDO NUESTRO MÁNDALA

EXTRAESCOLARES INFANTIL Y PRIMARIA (Marzo 2019)

Disfrutamos mucho pintando mándalas, nos relaja y centra nuestra atención, pero ¿sabemos qué son? ¿Qué significado tienen?

El mándala tiene su origen en la India y su nombre en sánscrito significa círculo o rueda. Son de diferentes colores y en su mayoría incluyen figuras geométricas. Se comienzan desde el centro hacia fuera, despacio, con paciencia, siendo muy conscientes de lo que estamos creando. 

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En el cole hoy hemos practicado visualizando mi propio mándala, ese que surge de mi centro, de lo más profundo de mi Ser y se expande con cada exhalación que emana de mis pulmones. Ese mándala que me va cubriendo como una manta cálida que me aporta seguridad, bienestar y confort. Mi energía que fluye y  se mezcla con la de mis compañeros.

Después hemos construido nuestro mándala de grupo, en el que todos aportamos desde nuestro centro, del mismo modo que una planta crece desde la semilla o una célula origina un ser vivo. Hemos usado galletas con distintas formas, cereales de colores, conguitos y hasta regaliz. En silencio y con música, en un proceso de creación colectivo en el que unimos nuestras energías y ponemos a prueba nuestro control de impulsos y nuestra capacidad de concentración.

Toda una experiencia que no puede terminar de otra forma que compartiendo entre todos nuestra obra maestra.

¡Buen provecho!

La varita mágica de resolver conflictos (Mayo 2018)

Todos los hermanos se pelean alguna vez, y algunos demasiado a menudo. Esto es lo que les ocurre a nuestras protagonistas del cuento que hemos contado hoy en el grupo de infantil. ¡Y eso que nuestras protagonistas son hadas del bosque! ¡Y tienen poderes con su varita mágica!

Hoy, entre todos, hemos construido nuestra varita mágica para resolver conflictos, y hemos comprobado si funciona siguiendo los tres pasos necesarios para llegar a estrechar nuestras manos y volver a ser

AMIGOS OTRA VEZ.

¡Qué importante es sentirnos seguros para arreglar una pelea con un amigo, una discusión con mamá o un enfado conmigo mismo porque no consigo lo que quiero! Ahora tengo esta varita mágica que me ayudará a lograrlo, solo tengo que mirarla y usarla cuando me sienta triste o enfadado.

                                                                               ¡Así es más fácil!

Dibujando sonrisas, Abriendo corazones

Desde pequeña traje a mis padres por la calle de la amargura con mi falta de apetito y mis manías con las comidas. De adolescente empezaron las digestiones largas, pesadas y con ardores de estómago. Todo eso pasó. Y hoy traigo ese recuerdo a mi vida tras haber digerido una  experiencia  contundente, pesada, dura pero a la vez deliciosa. Como pasa con esos guisos de toda la vida que nos metemos entre pecho y espalda de vez en cuando.

Mi experiencia dibujando sonrisas tuvo lugar este verano en el Hogar Teresa de los Andes de Bolivia. 

Su digestión creo que terminará con este post, el cual lleva dando vueltas dentro mí casi mes y medio. Y tras la digestión, espero que llegue el nutrirme de todo lo vivenciado en esas intensas y emotivas semanas. Vamos a ello…

Mis primeros días en el Hogar anduve a merced del viento, sin vela y sin timón, de un lado para otro en un estado de bloqueo que, para una mente activa, analítica y organizada como la mía me producía sensación de vértigo y mareo. Seguramente la austeridad de las condiciones en las que estábamos y que reinaban a mi alrededor junto con los jugos, sopas y guisos de res también tenían algo que ver con esa indisposición o mal cuerpo.

Una vez más tuve que mandar callar a esta cabecita mía y sacar partido a todo ese lado emocional que a veces se me hace de rogar, se protege con una coraza por purito miedo a ser herido y parece que se avergüenza de asomar el hocico. ¡¡Que la mente se ocupe!! Hacemos esto, y luego esto…compramos esto… y luego lo otro. He de decir que en este caso el panorama de los pabellones no era para menos.¡¡ Había tanto por hacer!!

Sin embargo en medio de ese caos y desorden tan difícil de organizar, las cosas funcionaban, llevaban el ritmo del “ahorita” que reina en Bolivia pero marchaban. Era cuestión de meterse en la corriente, dejarse llevar y escuchar solamente el ritmo de tu corazón. Sin cuestionarnos qué, como, y cuando desayunan los chicos, ni cómo están las sábanas o el olor que se respira en las habitaciones. Cuando toca baño, bañamos. Cuando toca fregar, fregamos. Con la sabiduría del corazón que sabe abrazar cuando toca, sonreir cuando toca y acariciar cuando toca.

Y así, con la emoción a flor de piel, ligerita y sin corazas mentales, empecé a tener una nueva percepción de esa realidad en la que estaba inmersa. Inconscientemente dejé de ver aquello que me incomodaba para llevar mi atención y mi emoción a gestos, palabras, anécdotas y detalles que me sorprendían y llenaban de admiración.

Me llegaban de todos lados, de los ojos de los chicos a los que bañábamos y dábamos de comer, Menacho, Marcial, Clarita… De las miradas agradecidas de las cuidadoras Eli y Elsa. Del gesto rígido pero deseoso de conversación del profesor Jorge, o de los brillantes ojos de Justina en el taller de tejer. De la dulzura y sabiduría de mi profe favorita Rossy, de la risa tímida de David, y otros niños de la unidad educativa o del ritmo caribeño de José y Reinaldo al bailar el “Despacito”.  Mi atención volaba detrás de los chicos paceños voluntarios del colegio Amor de Dios que con solo 17 y 18 años se desvivían por atender a los chicos con una actitud que me conmovía hasta hacerme estremecer.

¡Qué importante es saber dirigir la atención a aquello que nos sale del corazón y no a los prejuicios, ideas y opiniones que albergamos en la mente!

¿Qué sentido tiene la existencia de estos chicos sin familia, la mayoría totalmente dependientes cuyo día a día está lleno soledad y dolor?, y ¿qué puedo aportarles yo en sólo dos míseras semanas de mi verano? Pregunta mi mente indignada, arrogante y ansiosa por hacerlo y  saberlo todo. Y después de unos cuantos días mi corazón responde condescendiente…

Amiga mía, estos chicos están aquí  y ahora por y para ti, para que tú los veas, para que tú los admires, para que comprendas que:

*Son modelo de aceptación de la realidad, su realidad, la que les ha tocado vivir  y contra la que no pierden el tiempo en rebelarse porque no pueden vivir más que la suya.

*Son modelo de presencia, pues viven en presente día a día, disfrutan o sufren cada momento plenamente, no se enganchan en pasados ni en futuros.

*Son modelo de esfuerzo y superación, no se quejan, si hay algo que pueden hacer lo hacen y punto, con toda su energía, atención e intención.

 

 

*Son modelo de agradecimiento pues con bien
poquito te regalan la mejor de sus sonrisas.

Un día antes de dejar el Hogar el equipo de voluntarios de Ayuda en Acción nos planteamos cuál había sido nuestra labor con esos niños, y no tan niños, discapacitados y sin familia con los que habíamos convivido. Proyectos, ideas, planes, talleres, actividades…todo se difuminaba y disipaba como una mancha de agua dulce en un mar de necesidades básicas que cubrir y entre las que el afecto y compañía eran las más urgentes. Y de ahí surgió de forma espontánea nuestro lema  “Dibujando Sonrisas”.

Dibujamos sonrisas, si, muchas, e hicimos su presente un poquito más amable. Porque creo que la sonrisa es la puerta de acceso al corazón de las personas. Y solo cuando yo abrí sin miedo el mío pude darme cuenta del sentido de la existencia de estos chicos, de todo lo que nos enseñan con su vida. Por no decir todo lo que mis compañeros, dibujantes de sonrisas, me estaban mostrando día a día. Cada uno a su manera, con su estilo, todos han sido una gran inspiración para mí en esta aventura,

Bea Alonso con su sencillez y espontaneidad

Bea Varela con su entrega y disponibilidad

Rafa con su inmensa generosidad y energía

Raquel con su profesionalidad y alegría

Rafa jr con su eterna sonrisa y buen humor

Miriam con su dulzura y valentía

Gracias equipo, me ha costado mucho poner en palabras todo lo sentido y vivido este verano. Pero ahora que acabó mi digestión, voy a sacar buen provecho de lo aprendido.

Mabú.

Si queréis leer más sobre esta apasionante experiencia del equipo de Voluntarios a Terreno de Ayuda en Acción en Bolivia os recomiendo,

Un mar de sensaciones

Por la sonrisa de un niño

 

 

 

Ellos y mis corcheas

Creo que ya he dicho en alguna ocasión que observar desde la distancia a la gente que tengo a mi alrededor y a la que me voy encontrando por el camino es un pasatiempo que me enriquece y divierte a partes iguales. Y para estas líneas me vienen a la cabeza dos personas muy significativas para  mí.

La primera es un tipo muy cercano, entrañable, con alma de explorador, audaz, soñador y lo mejor de todo, libre de tontunas mentales. Su pasión particular el mar, una tabla y una vela. Sabe exprimir el presente como nadie. Me atrevería a decir que eso de vivir el aquí y el ahora no es de Eckhart Tolle, sino que es cosa suya…así de osada soy. Disfruta del proceso completo. Desde la preparación de los equipos, la búsqueda de las mejores localizaciones para navegar, hasta llegar al ansiado instante en el que se sube a la tabla. A partir de ahí es él, el mar como mejor compañía y la mano del viento que le impulsa a una danza impecable.  En un momento de su vida se topa con una inoportuna lesión que manda sus momentos gloriosos al traste y abre la puerta a otros de reflexión e introspección que le acompañan a mirar con perspectiva la composición y poner las fichas del juego en el lugar que corresponden. Es un tipo capaz de plantarse ante los reveses con un capote y mucho arte y espetarle un aquí estoy yo a lo Manolete, salvo por la montera indescriptible, most sorry, que me perdonen los taurinos. Se remanga sin contemplaciones y a transformar lo que era su pasión en el mar por la misma pasión en tierra. Y para ello construye con sus propias manos, mucho internet y toneladas de tesón, un carrovela. Una suerte de artilugio desconocido para mí, que le lleva a surfear en tierra, explanadas de mar abierto. Lo que admiro es su capacidad para aceptar el plato que la vida le pone delante, su imaginación para aderezarlo con las especies que más le gustan, llenarlo de salsa y seguir disfrutando hasta el último bocado, con la misma intensidad.  Está claro que posibilidades hay muchas, mentes capaces de sobreponerse a los vientos desfavorables, quizá alguna menos. Eso es reinvención. Una persona energética y divertida que se come la vida a cada paso que da.

Mi segundo protagonista tiene súper poderes. Vamos, que estoy esperando el día en que se presente a una cena por la ventana con capa, pantaloncito ajustado y antifaz. Dónde lo tendría escondido… esa es la gran pregunta. Como no es un tipo normal que te encuentras un domingo tomando el vermut, lo de aplicar poderes es para verlo desde la barrera no vaya a ser que te succione y sin quererlo ni beberlo te encuentres en el ojo del huracán que es donde se debe encontrar él cuando se enfrasca en cualquier tarea que acomete. No vale entrar, darse un paseíto, ver que se cuece por ahí y hacer el paripé.  Qué va, eso es para sin sangres. Cuando se mete, no deja ni las migas, como le dejes engulle hasta los cubiertos. Toma posesión y literalmente disecciona el asunto en compartimentos que un humano cualquiera ni se imagina que puedan existir. Entra en cada uno de ellos con equipación completa. Investiga cada byte y bit hasta tener claro todos los detalles, cada aspecto, lo que es posible y lo que no aunque eso ya lo veremos. No existe afición, arte, cachivache, ni proyecto que se le resista. Su fuente de poder es su capacidad ingente de motivación que moviliza todo su ser hacia eso que ha elegido. Expiar sus movimientos cuando está manos a la obra supone presenciar en vivo y en directo el maravilloso estado de flow.  El tiempo se para, el espacio se diluye, no existe nada salvo él y lo suyo. La concentración es absoluta, sus recursos personales se ponen en fila de a dos y como marines, salen en el momento oportuno para servir a la causa. Señor, sí señor! La distracción es una palabra que no aparece en su diccionario particular. Ese es el estado en el que entran los grandes artistas que miman nuestra alma con sus obras de arte. Ese es el estado en el que se entra cuando hay pasión por lo que se hace, cuando nos fundimos en el baile de la creación.

Mis dos caminantes de hoy son fieles a ese impulso interior que desde siempre les hace vibrar ante su pasión. Ellos simplemente dicen sí. Simple pero quizá no tan común, porque pasiones tenemos todos y no todos abrimos la puerta para entrar en ellas. Si esto fuera así, aunque solo fuera en tiempos de ocio, creo que el mundo sería de otra forma. Si además fuera en el trabajo, estaríamos viviendo en el Edén. La cuestión es que siempre me ha encantado observar sus emociones cuando están en eso que les fascina, conectados consigo mismos, disfrutando al cien por cien. Y como la envidia, por muy mala prensa que tenga, tiene una parte buena, puedo decir tranquilamente que me daba bastante envidia sana. Yo también quería sentir eso que sienten ellos, por qué no.

El caso es que después de más de tres décadas le he dicho al piano cuya tapa había bajado un día y no había vuelto a subir. Nunca pensé que sería a través del piano como entraría en ese estado que veía de lejos. En mi caso ni pericia, ni talento, ni dones especiales, ni trajecitos prietos. Lo mío es pico-pala. Horas y horas tratando de domar unos dedos que se empeñan en no llegar a las teclas, que como niños rebeldes deciden ir cada cual por su lado sin ton ni son. Horas de solfeo que entra en el cerebro más bien a empujones porque lo de la armonía, las tonalidades, las claves, las escalas, se me enreda como una madeja entre las neuronas. Horas que vuelan sin darme cuenta y que si me descuido, se me pega hasta el último garbanzo del potaje. Sin embargo no todos son penurias. Si fuera solo eso, habría vuelto a cerrar la tapa y no la levantaba ni el kung fu. La parte emocionante llega precisamente como recompensa al esfuerzo. Cuando por fin una melodía se asemeja a lo que está escrito, cuando voy poco a poco ganándole terreno a la partitura y no digamos cuando llego al final. Es como poner la banderita en la luna. La bondad del piano es que, a diferencia de otros instrumentos, permite ir arrancándole música casi desde el principio, que sea de calidad ya es otro cantar. Pero ahí estamos, pasito a paso.

Una de las cosas que más me divierte es recorrer este camino con mis compañeros de faena que vibran con la música, quieren aprender, se esfuerzan cada día por mejorar y con los profesores que con paciencia infinita nos tienden su mano y nos alientan. Y por último con las maravillosas voces que me van animando, como la de uno de mis héroes que en un momento de inspiración nos regala a mi guitarrista preferida y a mí esto que, al escucharnos, nace de sus entrañas…

Gracias de corazón, queridos, por ser una inspiración para mí. Por haber vivido desde siempre vuestras pasiones con tal determinación que ha hecho posible mi propia búsqueda interior. Un día de estos nos marcamos un ménage à quatre. Es cuestión de imaginar qué componemos para que el carrovela vuele y pincel inmortalice.

Ana