Mindfulness en las Escuelas

“Crear un lugar seguro para el aprendizaje de nuestros niños podría empezar por crear un espacio para que ellos respiren”              

                                         (Caren Osten Gerszberg)

Se escuchan carreras y algún salto por el pasillo, risas y alboroto, algún grito más alto que otro.  Los pequeños del cole, 4 y 5 años, dejan el patio y se dirigen al aula Mindfulness. Mientras se descalzan, una música pegadiza empieza a sonar y los más rápidos se ponen a danzar y saltar por la sala entre las esterillas que forman un círculo en el suelo. Neyla viene hoy cansada del patio y se sienta sin más. Sara saca de su bolsillo una pequeña figura con forma de oso y me la enseña, quiere que hoy nos acompañe en la sesión. Isabella tiene energía para dar y tomar y no para de moverse saltando y mirándose en los espejos. Ocupo mi esterilla y detengo la música, sujeto el cuenco entre mis manos y espero a que cada uno ocupe su lugar. Cada uno necesita su tiempo, un tiempo que cada día es diferente, y todos lo sabemos. Sabemos esperar y lo hacemos, lo importante es darnos cuenta de que ahora vamos a calmarnos, necesitamos calmarnos y cuando estemos todos sentados el cuenco sonará….

¡Hoy me tocaba a mí el cuenco!, ¡Era a mí!, ¡Yo hace mucho que no lo toco!

Pero llevamos un orden y no hay duda. Leo sujeta con su mano el cuenco tambaleante….”Atención postura atenta, espalda felíz, ojos cerrados….voy a golpear el cuenco una vez y cuando no suene levantáis la mano”… Respiramos tres veces por la nariz y tras algunos rugidos de mocos, susurros y risillas…el gong sonoro del cuenco y el ansiado silencio.

Una vez abierto el espacio Mindfulness, ese silencio viene seguido de un momento de calma y escucha, un momento muy especial para cada uno de nosotros….”¿Cómo estás Paula?, ¿Cómo te sientes hoy?, ¿Qué necesitas?”… Es un momento de compartir, de atención al compañero, de risas y confidencias, de tristezas y preocupaciones que salen a relucir junto con alguna queja o enfado. Observamos y sentimos, elegimos que hacer con lo que sentimos…”¿Qué pasaría si….y si….¿probamos?”

 

MINDFULNESS ES UNA PODEROSA HERRAMIENTA QUE AYUDA A LOS NIÑOS A CALMARSE, A DESARROLLAR SU ATENCIÓN Y RELACIONARSE EFICAZMENTE Y DE FORMA SANA CON LOS DEMÁS. HABILIDADES QUE SON FUNDAMENTALES PARA LA ETAPA ESCOLAR Y PARA LA VIDA EN GENERAL.

Vivimos rodeados de multitud de estímulos, conectados día y noche con las nuevas tecnologías, recibiendo información de todo tipo y realizando sistemáticamente varias tareas al mismo tiempo. Sin embargo, nuestro cerebro está programado para llevar la atención a una sola tarea cada vez. ¿Cómo lo hacemos entonces? Pues a base de desplazar continuamente nuestro foco de atención de un lado a otro, en décimas de segundo.

Conduzco –  pienso en la reunión de la tarde – conduzco – llamo con el manos libre – conduzco – vuelvo a repasar la reunión – conduzco – memorizo la lista de la compra – aparco – pido cita en el dentista…

 

Es lo que llamamos tener una “mente de mono”, saltando de un lado para otro y sin focalizarse en nada en concreto. Una mente que probablemente acaba quemada y agotada por el estrés cada día, por no mencionar los errores y despistes que comete por falta de atención. Una mente poco eficaz y nada saludable.

Nuestros niños viven también inmersos en esta dinámica, la observan y la absorben. Y luego vemos los efectos en ellos, estrés, falta de concentración, despistes, hiperactividad, poco rendimiento académico, ansiedad, impulsividad entre otros muchos, que pueden incluso afectar a su salud física. Dolores de cabeza, malas digestiones, insomnio, erupciones cutáneas….

Valoramos que sean rápidos y queremos que aprendan sin esfuerzo, sin caerse, sin frustrarse sin saber que ese culto nuestro a lo inmediato y rápido genera en ellos la incapacidad de espera y una falta de tolerancia a la frustración. Criamos niños exigentes, impacientes, estresados y ansiosos. Poco preparados para el esfuerzo y la perseverancia. Dependientes y con poca capacidad de imaginación y disfrute. 

“¿Qué juego hacemos hoy? ¿Qué has traído?”…..pregunta Andrea. “Yo hoy estoy cansada, no voy a mirar mucho, pero os veo desde aquí tumbada en la “corchoneta”…dice Neyla.

LA CLAVE ESTÁ EN OFRECERLES TIEMPO DE CALIDAD, TIEMPO PARA PARAR, OBSERVAR, IMAGINAR Y DISFRUTAR. TIEMPO PARA ENTRENAR Y CULTIVAR LA ATENCIÓN. 

Atención a lo que ocurre cuando está ocurriendo. Para desarrollar los sentidos, potenciar la memoria y expresar su creatividad. Juegos de atención, retos, prácticas sensoriales, movimiento y visualizaciones….

Tiempo para sentir y darse cuenta de cuando se aburren, se enfadan, se ponen tristes o algo les hace disfrutar. Tiempo para experimentar la libertad de elegir qué estímulos seguir y qué actitud tomar desde la responsabilidad.   

“Bien, Neyla, te has dado cuenta de lo que necesitas ahora. Si descubres algo y quieres, nos lo puedes contar”

Tiempo para darse cuenta de qué ocurre si reaccionan de una forma o si deciden actuar de otro modo. Tiempo para escucharse y escuchar, para conocerse y conocer. Tiempo para aprender a vivir el presente de forma más consciente.

Al coger las colchonetas para la relajación final, María comenta:

“No quiero estar sola para respirar mi aire y ver mi mente, ¿puedo estar con Candela y compartir?”

Necesitamos VEC en la familia

El otro día una buena amiga compartió una interesante traducción de Sandra Ramírez del blog Victoria Prooday sobre Educación Montessori del que dejo aquí el link:

Educación Montessori

Al leerlo, inmediatamente sentí que mi siguiente post en el blog de Amalive.es tenía que tratar sobre la familia. La familia, ese tesoro de valor incalculable que todos codiciamos, ya sea por ser el primer contexto en el que nos ubicamos cuando recordamos nuestra más tierna infancia, como por ser la meta a la que muchos aspiramos cuando planificamos nuestro futuro. ¡Ay, la famiglia!, como diría Vito Corleone en El Padrino.

Precisamente un día antes, mi compañera Ana y yo tuvimos el lujo de ser recibidas en el despacho de Roberto Aguado Romo, Psicólogo Clínico creador del método de Vinculación Emocional Consciente VEC. Entre los temas y emociones que surgieron de nuestra agradable conversación destacaría la esencia y la importancia de la familia en la educación emocional.

Desgraciadamente cada vez  hay más familias  donde el trato cercano y amoroso entre sus miembros es insuficiente. Donde se educa con carencias afectivas y ausencia de valores. No hay duda de que la familia está evolucionando a ritmos vertiginosos, familias monoparentales, con hijos únicos, con hijos de otros matrimonios, familias con padres del mismo sexo…. Y como tal, la forma de  relación entre los miembros se debe adaptar a las circunstancias. Pero en cuanto a educación, en cuanto a valores, en cuanto a afectos… ¿qué tenemos que contemplar para hacer de nuestros hijos personas autónomas y emocionalmente independientes, con espíritu crítico y capacidad de liderarse a sí mismas, sea cual sea el entorno familiar en el que vivan?

El artículo al que me refiero comienza: “Hay una tragedia silenciosa que se está desarrollando hoy por hoy en nuestros hogares, y concierne a nuestras más preciosas joyas: nuestros hijos. ¡Nuestros hijos están en un estado emocional devastador

¿Qué es lo que está pasando y qué estamos haciendo mal?

¿Qué hacer?

Siguiendo el VEC de Roberto Aguado, en educación, como en cualquier tipo de relación, nuestra propia conciencia emocional es la que nos guía para vincularnos a la emoción de nuestros hijos. Simpatizamos y luego empatizamos para desde ahí poder guiarles hacia esas emociones CASA (Curiosidad, Admiración, Seguridad y Alegría) que todos compraríamos con los ojos cerrados para nuestros pequeños. Emociones que garantizan niños seguros, felices y con ganas de aprender.

El artículo Montessori añade que “si queremos que nuestros hijos sean individuos felices y saludables, tenemos que despertar y volver a lo básico”, y aporta una serie de recomendaciones de las que yo señalo aquí las más relevantes desde el punto de vista emocional.

  • Establezca límites y recuerde que usted es el capitán del barco. Sus hijos se sentirán más seguros al saber que usted tiene el control del timón.
  • Estar emocionalmente disponible para conectarse con los niños y enseñarles auto-regulación y habilidades sociales.
  • Conviértase en un regulador o entrenador emocional de sus hijos. Enséñeles a reconocer y a gestionar sus propias frustraciones e ira.
  • Enséñeles a saludar, a tomar turnos, a compartir sin quedarse sin nada, a decir gracias y por favor, a reconocer el error y disculparse (no los obligue), sea modelo de todos esos valores que inculca.
  • Conéctese emocionalmente – sonría, abrace, bese, cosquillee, lea, baile, salte, juegue o gatee.

De todo esto yo, personalmente me quedo con que, sea cual sea el contexto familiar en el que crezcan nuestros hijos, la educación es siempre responsabilidad nuestra. No culpemos al medio, a la sociedad, a las circunstancias… como dice Roberto “Haz todo lo que dependa de ti y es posible”.

Siempre hay ocasión para un abrazo sentido,

Gracias Roberto.

Mabú.