Creando Equipos (ESO y Bachillerato)

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Octubre 2019, comienzo de curso en el Colegio Vallmont (Villanueva del Pardillo). ¿Qué tal si nos conocemos? Conocerse es el primer paso para crear un buen ambiente en clase, respetarse y escucharse son igualmente imprescindibles para garantizar la convivencia pacífica … Sigue leyendo

TRANSFORMATION GAME (Octubre 2019)

Esta semana comenzamos las jornadas de Team-Building con Transformation Game en el Colegio Vallmont. Esta vez toca a los chicos de ESO y Bachillerato vivir a experiencia de transformación de sus grupos en verdaderos equipos.

 

Una dinámica amena y divertida en la que, con ejemplos y situaciones, todos reflexionamos sobre las diferencias entre un grupo y un equipo.

Una dinámica práctica en la que, con un juego de preguntas y repuestas, aceptamos el reto transformar nuestro propio grupo de trabajo en lo más parecido a un equipo.

 

Una dinámica donde practicamos el RESPETO, la ESCUCHA y en la que ganamos CONOCIMIENTO Y CONFIANZA entre los compañeros de clase.

 

¡ESTOS SON NUESTROS VALORES, QUEREMOS SER UN EQUPO!

Mindfulness en las Escuelas

“Crear un lugar seguro para el aprendizaje de nuestros niños podría empezar por crear un espacio para que ellos respiren”              

                                         (Caren Osten Gerszberg)

Se escuchan carreras y algún salto por el pasillo, risas y alboroto, algún grito más alto que otro.  Los pequeños del cole, 4 y 5 años, dejan el patio y se dirigen al aula Mindfulness. Mientras se descalzan, una música pegadiza empieza a sonar y los más rápidos se ponen a danzar y saltar por la sala entre las esterillas que forman un círculo en el suelo. Neyla viene hoy cansada del patio y se sienta sin más. Sara saca de su bolsillo una pequeña figura con forma de oso y me la enseña, quiere que hoy nos acompañe en la sesión. Isabella tiene energía para dar y tomar y no para de moverse saltando y mirándose en los espejos. Ocupo mi esterilla y detengo la música, sujeto el cuenco entre mis manos y espero a que cada uno ocupe su lugar. Cada uno necesita su tiempo, un tiempo que cada día es diferente, y todos lo sabemos. Sabemos esperar y lo hacemos, lo importante es darnos cuenta de que ahora vamos a calmarnos, necesitamos calmarnos y cuando estemos todos sentados el cuenco sonará….

¡Hoy me tocaba a mí el cuenco!, ¡Era a mí!, ¡Yo hace mucho que no lo toco!

Pero llevamos un orden y no hay duda. Leo sujeta con su mano el cuenco tambaleante….”Atención postura atenta, espalda felíz, ojos cerrados….voy a golpear el cuenco una vez y cuando no suene levantáis la mano”… Respiramos tres veces por la nariz y tras algunos rugidos de mocos, susurros y risillas…el gong sonoro del cuenco y el ansiado silencio.

Una vez abierto el espacio Mindfulness, ese silencio viene seguido de un momento de calma y escucha, un momento muy especial para cada uno de nosotros….”¿Cómo estás Paula?, ¿Cómo te sientes hoy?, ¿Qué necesitas?”… Es un momento de compartir, de atención al compañero, de risas y confidencias, de tristezas y preocupaciones que salen a relucir junto con alguna queja o enfado. Observamos y sentimos, elegimos que hacer con lo que sentimos…”¿Qué pasaría si….y si….¿probamos?”

 

MINDFULNESS ES UNA PODEROSA HERRAMIENTA QUE AYUDA A LOS NIÑOS A CALMARSE, A DESARROLLAR SU ATENCIÓN Y RELACIONARSE EFICAZMENTE Y DE FORMA SANA CON LOS DEMÁS. HABILIDADES QUE SON FUNDAMENTALES PARA LA ETAPA ESCOLAR Y PARA LA VIDA EN GENERAL.

Vivimos rodeados de multitud de estímulos, conectados día y noche con las nuevas tecnologías, recibiendo información de todo tipo y realizando sistemáticamente varias tareas al mismo tiempo. Sin embargo, nuestro cerebro está programado para llevar la atención a una sola tarea cada vez. ¿Cómo lo hacemos entonces? Pues a base de desplazar continuamente nuestro foco de atención de un lado a otro, en décimas de segundo.

Conduzco –  pienso en la reunión de la tarde – conduzco – llamo con el manos libre – conduzco – vuelvo a repasar la reunión – conduzco – memorizo la lista de la compra – aparco – pido cita en el dentista…

 

Es lo que llamamos tener una “mente de mono”, saltando de un lado para otro y sin focalizarse en nada en concreto. Una mente que probablemente acaba quemada y agotada por el estrés cada día, por no mencionar los errores y despistes que comete por falta de atención. Una mente poco eficaz y nada saludable.

Nuestros niños viven también inmersos en esta dinámica, la observan y la absorben. Y luego vemos los efectos en ellos, estrés, falta de concentración, despistes, hiperactividad, poco rendimiento académico, ansiedad, impulsividad entre otros muchos, que pueden incluso afectar a su salud física. Dolores de cabeza, malas digestiones, insomnio, erupciones cutáneas….

Valoramos que sean rápidos y queremos que aprendan sin esfuerzo, sin caerse, sin frustrarse sin saber que ese culto nuestro a lo inmediato y rápido genera en ellos la incapacidad de espera y una falta de tolerancia a la frustración. Criamos niños exigentes, impacientes, estresados y ansiosos. Poco preparados para el esfuerzo y la perseverancia. Dependientes y con poca capacidad de imaginación y disfrute. 

“¿Qué juego hacemos hoy? ¿Qué has traído?”…..pregunta Andrea. “Yo hoy estoy cansada, no voy a mirar mucho, pero os veo desde aquí tumbada en la “corchoneta”…dice Neyla.

LA CLAVE ESTÁ EN OFRECERLES TIEMPO DE CALIDAD, TIEMPO PARA PARAR, OBSERVAR, IMAGINAR Y DISFRUTAR. TIEMPO PARA ENTRENAR Y CULTIVAR LA ATENCIÓN. 

Atención a lo que ocurre cuando está ocurriendo. Para desarrollar los sentidos, potenciar la memoria y expresar su creatividad. Juegos de atención, retos, prácticas sensoriales, movimiento y visualizaciones….

Tiempo para sentir y darse cuenta de cuando se aburren, se enfadan, se ponen tristes o algo les hace disfrutar. Tiempo para experimentar la libertad de elegir qué estímulos seguir y qué actitud tomar desde la responsabilidad.   

“Bien, Neyla, te has dado cuenta de lo que necesitas ahora. Si descubres algo y quieres, nos lo puedes contar”

Tiempo para darse cuenta de qué ocurre si reaccionan de una forma o si deciden actuar de otro modo. Tiempo para escucharse y escuchar, para conocerse y conocer. Tiempo para aprender a vivir el presente de forma más consciente.

Al coger las colchonetas para la relajación final, María comenta:

“No quiero estar sola para respirar mi aire y ver mi mente, ¿puedo estar con Candela y compartir?”

Voluntariado Ecuador (Agosto 2019)

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Valle del Chota (Ecuador) . ¡¡Que gran experiencia trabajando con niños que viven otras realidades, diferentes de forma, idénticas de contenido!! Trabajamos emociones, derechos, valores….que en cierto modo son universales, verdad? Si te apetece, puedes leer más sobre esta experiencia … Sigue leyendo

Valle del Chota, algo más que un río y una autopista

El primer día que llegas al Valle de Chota-Mira, el paisaje te impresiona. Mires hacia donde mires encuentras montañas, unas altas y empinadas, otras más bajas y redondeadas salpicadas de pequeños parches verdes. El color gris de la tierra se torna anaranjado en las laderas de esas montañas y según desciendes hacia el río el paisaje es verde y más frondoso. Entre tanta sequedad me llamó mucho la atención el río caudaloso que transcurre rápido atravesando el valle que lleva su nombre.  En unos tramos Chota y en otros Mira. En él y en su agua reside uno de los principales motivos del trabajo que AYUDA EN ACCIÓN (PINCHA AQUÍ) realiza en esta zona del norte de Ecuador.

Las comunidades de esta zona son pequeñas y muy dispersas en tan complicada orografía. Apenas se divisan las unas de las otras debido a las montañas y colinas que las separan. En algunas comunidades la mayoría de la población es de origen afro y sus habitantes de raza negra. Como Melany, la niña que apadrinamos desde hace casi ocho años. ¡Qué emoción conocerla por fin!

 

 

Tan solo una autopista, la Panamericana, cruza el valle. El resto son carreteras estrechas  y caminos de tierra empinados, llenos de curvas y baches que solo camionetas como las del equipo de AEA pueden recorrer cada día para visitar las diferentes aldeas.

Ya el segundo día me paré a pensar….un río y una autopista, agua y movilidad, recursos imprescindibles para garantizar desarrollo y calidad de vida. ¿Cómo hacer que lleguen a todos estos habitantes tan dispersos? ¡Qué gran reto!

Reservorios de agua para las grandes plantaciones de mango y aguacate, sistemas de riego a pequeños agricultores, seguimiento y formación para el control de plagas. Gracias, Sandro, por tu gran sabiduría agrícola. Me encantó ver cómo, además, sacan partido a lo que tienen y crece con poca agua ¡el higo chumbo!  Lo llaman tuna, y es que el muy tuno tiene un montón de propiedades nutritivas y sirve para reducir el colesterol, mejorar la digestión, y hasta para hacer cosméticos y cremas. ¿Verdad, Silvia?

La mitad de mi equipo de voluntarios participó en el reparto a familias de filtros para potabilizar el “agua de llave”. Porque afortunadamente el agua llega hasta sus casas y sus grifos, pero desgraciadamente no es potable aunque ellos la beben. Tuve la suerte de acompañarles un par de días y disfruté mucho haciendo el esfuerzo por conectar con las familias y hablar su idioma… ¿alguien sabía que limpiar y lavar no significa lo mismo?

El tercer día conecté con Isabel y me uní a su gran labor educadora y defensora de los derechos de la infancia en estas pequeñas comunidades. Con paciencia y entrega esta gran mujer de principios sólidos, alma generosa, y tímido sentido del humor, recorre cada día los tortuosos caminos que unen las distintas poblaciones para reunirse con los niños que en ellas habitan. Con juegos, canciones y manualidades arranca sonrisas que ella va recogiendo en su mochila. A cambio de esta preciada cosecha, Isabel va sembrando en ellos semillas de igualdad, tolerancia y respeto. Derechos, entre otros, que llevan trabajando tiempo, pero que cuesta poner en práctica en el día a día. Rosita, con su alegría y gran sonrisa, nos contó su trabajo con los jóvenes en las reuniones de los sábados. Estos jóvenes se convierten en referentes en la defensa de derechos en su comunidad y tuvimos la suerte de acompañarlos en una acampada en la que hubo de todo: reflexión y trabajo, juegos, comida, música, baile… ¡mamarre, mamarre!…

A partir del cuarto, quinto y….hasta el último día de mi estancia allí, me permití abrirme a lo que viniera, a dejarme llevar, a admirar esa dedicación de las mujeres ecuatorianas, valientes y capaces, duras y responsables. A aprender de esa alegría de la gente, de sus buenos modales en el trato y a sorprenderme de que tener familia en determinados países es un lujo y no un derecho. Un lujo como es para mí haber vivido esta experiencia precisamente con mi familia y tres compañero/as que son ya como si lo fueran. ¡GRACIAS ECUADOR!

La bailarina de Auschwitz, Edith Eva Eger

Una vez más llega a mis manos un libro sobre el pueblo judío y una vez más me adentro en su lectura, ávida por conocer. En este caso es la historia de Edith Eger, superviviente del campo de concentración de Auschwitz. No sé que tiene la historia de este pueblo que tanto me atrae, quizá sea porque durante una época compartimos tierra y avatares y su ausencia me produce tristeza y la nostalgia del país que podíamos haber sido, de estar aún entre nosotros.

Las reseñas del libro hablan de una historia de superación ante las adversidades. Yo más bien creo que es una historia de amor. Amor por la vida. Y en paralelo, la necesidad de ser amado, de pertenecer, de ser reconocido.

Edith nos deja un maravilloso legado en forma de innumerables aprendizajes a partir de vivencias extremas y de su forma de encarar la vida tras la liberación. Creo que ella se alegraría al saber que su experiencia es de utilidad para nosotros, tan ajenos a los campos de exterminio nazis, pero en ocasiones, tan prisioneros de nosotros mismos en nuestra propia mente, como ella explica.

La autora menciona a su amigo y mentor Viktor Frankl y su libro El hombre en busca de sentido, en el que llega a la conclusión de que la persona que encuentra un sentido a su vida, un para qué, tiene más posibilidades de salir adelante, de sobrevivir. La privación de nuestras libertades es posible, pero la única que nadie puede arrebatarnos es la libertad de elegir cómo queremos vivir las situaciones que se nos presenten. Nuestra actitud, es una elección personal. No depende de las circunstancias. Y añade, si somos capaces de encontrar un sentido a nuestra vida, entonces seremos capaces de elegir esa actitud.

Ya a Epicteto, filósofo griego del siglo I, se le atribuye la idea del “albedrío” como nuestra capacidad de elegir en cada momento qué y cómo pensamos: la libertad pura. Decía que no nos perturba lo que nos ocurre, sino lo que pensamos de ello.

Creo que ambos autores inciden en la misma idea y nos dan claves para replantearnos nuestra forma de vivir las circunstancias que nos encojen el alma. Sin embargo, una cosa es entenderla y otra bien distinta llevarla a la realidad y hacer exactamente eso, usar nuestra libertad.

Para reflexionar sobre esta idea, solo una de tantas de este maravilloso libro, empiezo por preguntarme ¿qué es lo que compromete nuestra libertad?.

 

Voy a ir abriéndome camino a través de preguntas y respuestas.

¿Qué sabemos de nosotros mismos?

Creo que este es el punto de partida. Cuando nos vemos atrapados en una situación que nos parece muy difícil de manejar, cuando esta situación nos bloquea, nos atenaza el miedo, la ira o la tristeza y entramos en bucle dándole vueltas y más vueltas, seguramente estamos reaccionando ante ella de la misma manera que lo hemos hecho en situaciones parecidas durante años, dando la respuesta por defecto, la que nos sale de dentro sin más, la automática. Podemos seguir así toda la vida, viviendo y reviviendo los mismos ataques en situaciones parecidas. Pero también podríamos hartarnos de nosotros mismos y soñar un escenario diferente. En ese caso urge una parada en seco para observar qué es lo que está ocurriendo y analizarlo. Esto requiere muchísimo entrenamiento. Parece simple, pero no lo es. El solo hecho de querer parar a observar indica que quizá, sólo quizá, me quiera plantear mi mundo más allá de mi ombligo, que quizá quiera empezar a mirar dentro de mí qué es lo que a mí me pasa para que esa situación me saque de mis casillas, me paralice, me llene de rabia… Resulta de gran ayuda observar a otras personas en situaciones parecidas y ver cómo reaccionan. Es posible que muchos sean de los míos y su ejemplo no me sirva… pero salvo que estemos en un entorno de borregos absolutos, también es posible que haya alguien que ante una situación parecida dé una respuesta original. Bingo. Me hará ver que la mía, no tiene por qué ser la única opción. Es el momento en el que podemos tomar consciencia de nosotros mismos, de empezar a conocernos.

¿Toma de consciencia?

Para mí la toma de consciencia tiene que ver con despojarme de mentiras que me ha ido creyendo sobre mí misma y bucear en mi mirada y en mi corazón. Tiene que ver con descubrir, con sacar la lupa y husmear en cada rincón para conocer cómo pienso, qué emociones predominan en mí, cuáles son mis comportamientos, de qué forma me miro y miro a los demás, cuáles son mis sueños, cuáles mis miedos, mis angustias, qué me hace vibrar. La lista es larguísima y hay que ir poco a poco con la bandera de la humildad y el coraje desplegada. El paisaje que nos vamos a encontrar es al mismo tiempo desierto y oasis y mi mejor compañero para transitarlo será el Amor con mayúsculas, que me ayudará a comprender, dar sentido, suavizar, aceptar y amar cada granito de ese océano de arena.

¿Qué cadenas nos impiden ser libres?

Cuando ponemos sobre la mesa nuestros tesoros internos, veremos que algunos son liberadores, expansivos, llenos de vida y otros sin embargo son como cadenas que nos atan y nos hacen caminar cojeando. Hacia los primeros, gracias, infinitas gracias. A los segundos, hete aquí, pasa y hablamos. Y me remango. Me hago responsable de ellos. La libertad viene de la mano de la responsabilidad, como dice Edith Eger. No son los otros los que me provocan esto o lo otro. Es mi yo más profundo el actor principal y al que le queda mucho por aprender. Así que me preparo para trabajar sobre ellos, para saber qué color, olor y textura tienen. De qué forma limitan mi vida e impactan en la de los que me rodean, de qué manera me incapacitan para dar las respuestas que yo quiero dar, cómo influyen para quitarme la paz que tanto ansío. Todo eso está dentro de mí, raramente fuera. Y por eso hay que remangarse, no queda otra. Conviene conocer cuáles son mis rencores, mis angustias, mis reacciones automáticas, mis anhelos, mis necesidades más escondidas, mis intenciones reales, mis inseguridades, el tamaño de mi ombligo o los límites de mi victimismo… por decir algunos. Y cuando tengo cierta claridad sobre ellos espero a una ocasión propicia para observarme, tipo sabueso detrás de la presa. Tranquilos, la presa no se hace esperar. Bang. Aparece. Algo me quita la paz. Ahí está la ocasión. Con mi pequeño arsenal de aprendizajes me pongo detrás de la barrera  para tomar distancia y observo de qué está compuesta mi cadena y la gran bola en el extremo. Es el momento de escuchar el ruido estridente que produce a mi paso, lo que provoca en los demás y la estela que deja. Tengo que reconocer que este trabajito es solo para valientes. En medio de la tormenta a ver quién es el guapo que es capaz de asociar rayos y truenos con cadenas y bolas. Más bien nos inclinamos a pensar que la borrasca llegó de forma repentina por el noroeste, como siempre y hala, a correr, como siempre.

¿Qué pasaría si nos quitáramos las cadenas?

Si hemos realizado un dibujo minucioso de nuestras cadenas y conocemos las consecuencias de arrastrarlas, es el momento de decidir qué queremos hacer con ellas. Ay amigo, ese es un pedazo de reto. A veces preferimos mantenernos en la indiferencia, la rabia, el victimismo… algo sacamos de ello. Y como contrapartida vivimos una vida mediocre, estéril, infecunda. Pero hay personas que, enamoradas de la vida,  prefieren atreverse a romper con ellas. Ese es el principio de la libertad. Sin cadenas somos libres para decidir qué hacer, cómo actuar, qué respuesta dar, qué sentir, con qué actitud vivir… No sentir ningún peso que nos arrastre es como volar. Como volar por encima de nosotros mismos y de las circunstancias.

¿Y qué hacer con esa libertad?

Esta es la pregunta. Y para mí solo hay una respuesta posible. Ser libre consiste en querer elegir amar, perdonar, dar una y mil oportunidades, olvidar, comprender, entrar en el corazón del otro como el que entra en una capilla, porque es terreno sagrado. Solo así, somos realmente libres y vivimos una vida con sentido.

Desde este pequeño rincón, un millón de gracias, Edith, por enseñarme que la prisión es una elección, igual que lo es la libertad.

Ana

CREANDO NUESTRO MÁNDALA

EXTRAESCOLARES INFANTIL Y PRIMARIA (Marzo 2019)

Disfrutamos mucho pintando mándalas, nos relaja y centra nuestra atención, pero ¿sabemos qué son? ¿Qué significado tienen?

El mándala tiene su origen en la India y su nombre en sánscrito significa círculo o rueda. Son de diferentes colores y en su mayoría incluyen figuras geométricas. Se comienzan desde el centro hacia fuera, despacio, con paciencia, siendo muy conscientes de lo que estamos creando. 

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En el cole hoy hemos practicado visualizando mi propio mándala, ese que surge de mi centro, de lo más profundo de mi Ser y se expande con cada exhalación que emana de mis pulmones. Ese mándala que me va cubriendo como una manta cálida que me aporta seguridad, bienestar y confort. Mi energía que fluye y  se mezcla con la de mis compañeros.

Después hemos construido nuestro mándala de grupo, en el que todos aportamos desde nuestro centro, del mismo modo que una planta crece desde la semilla o una célula origina un ser vivo. Hemos usado galletas con distintas formas, cereales de colores, conguitos y hasta regaliz. En silencio y con música, en un proceso de creación colectivo en el que unimos nuestras energías y ponemos a prueba nuestro control de impulsos y nuestra capacidad de concentración.

Toda una experiencia que no puede terminar de otra forma que compartiendo entre todos nuestra obra maestra.

¡Buen provecho!