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Cuatro dígitos, un bip y se abre la puerta de la oficina.

Open plan con isletas de tres o cuatro mesas dispersas por todo el territorio. En cada una, un mini-ecosistema. Dicen que hay que hacer del lugar de trabajo un espacio acogedor y cómodo, como si estuviéramos en casa. Pues no se preocupe usted. Allá vamos. Aquí la plantita. Las  más afortunadas mirando al frente, altivas ellas, tan estupendas. Las menos, chuchurrías mendigando agua y deseando convertirse en cactus. En un rincón privilegiado, las fotos. Las típicas de los niños, la pareja, la familia, las de los viajes que nos transportan de un plumazo a las Seychelles o Tordesillas, según glamur y presupuesto. Apiladas desordenadamente o en perfecto estado de revista, las montañas de papeles que ocupan un espacio de la mesa siempre escaso. Los inconfundibles post-its de todos los colores y formas, en equilibrio sobre el marco del monitor. Son los guardianes de las urgencias, los que nos gritan prioridades y marrones. El frasco de los chinos del que se asoman palitos impregnados de olor… fundamental para paliar el impacto de ciertas visitas que vieron la ducha allá por el pleistoceno. Y cómo no, las botellas de agua. Más abundante en la zona de las féminas, que se acerca el verano y conviene mantener el tipín. Como digo, cada puesto de trabajo es un micro-mundo, reflejo inequívoco de su inquilino. Sigue leyendo

Propósitos para el nuevo año

Un nuevo año comienza y para muchos de nosotros llega el momento de poner a cero los contadores y comenzar  de nuevo a rodar. Podemos mirar atrás al año que acabó y sopesar sus más y sus menos. Podemos sonreírnos y congratularnos si el balance fue bueno o lo percibimos bueno. Podemos por el contrario amargarnos y fustigarnos por los objetivos no conseguidos y por los momentos menos gratos, si lo que decidimos que nos toca esta vez es actuar de juez, adoptar el papel de culpable o de víctima en este juicio.

Independientemente de cómo miremos atrás, mi sugerencia es que el vistazo sea breve y el veredicto compasivo. No nos entretengamos en los detalles y pequeñeces de los acontecimientos vividos, tampoco nos centremos exclusivamente en  los resultados obtenidos. Pasemos un filtro de autocompasión y amor propio para extraer  también las intenciones, los esfuerzos, las ilusiones puestas y de ese modo quedarnos con un poso más dulce y sabroso del año que acaba.  Así, y solo así, bien nutridos podremos comenzar a proyectar, planificar, soñar y trabajar. Con el marcador a cero y sin cuentas pendientes con nosotros mismos podremos en definitiva vivir una nueva etapa.

Para mí son importantes los propósitos para el nuevo año. Confieso que los necesito porque me dirigen, me hacen de mapa cuando ando un poco perdida y descentrada. Sin embargo me he dado cuenta de que todos tienen algo en común que pone en valor cada uno de ellos independientemente de cómo sea su grado de cumplimiento. Es la integridad y la coherencia que pongo para alcanzar cada uno de ellos. Por eso este año, he decidido fijarme un único objetivo y encima doble: Integridad y Coherencia. ¡Toma ya!

Definición de persona íntegra: Persona educada leal, honesta, y responsable con control emocional y respeto por sí misma y por los demás. De comportamiento firme, pulcro e intachable en sus acciones.

Soy consciente de que es muy poco SMART (especifico, medible….) pero lo considero esencial para enriquecer la calidad de todos los demás objetivos y metas que me proponga y sobre todo me permitirá acabar el 2017 con un buen sabor de boca.

Mabú.