Un compromiso de 8 semanas

Practico Yoga desde hace más de ocho años, me gusta, me relaja, me hace desconectar de mis rutinas diarias y además noto mis músculos y articulaciones mucho más flexibles y elásticos que cuando era adolescente. Aunque no me considero una yogui empedernida, ni comulgo con esa corriente de vida zen, alimentación ecológica y meditación diaria, reconozco que la meditación lleva un tiempo guiñándome el ojo.

Es como esa desconocida que te han presentado más de una vez pero que ha pasado desapercibida porque, aparentemente, tiene poco o nada que ver contigo, y simplemente no le das conversación. Pero luego resulta que te la encuentras en los sitios más insospechados y en los momentos más inoportunos. Otras veces alguien te habla bien de ella y te la vuelve a presentar…¡otra vez!

Así llevo casi tres años con ella, con “La Meditación”. Nos vemos aquí y allá, que si meditación zen, vipassana, trascendental, mindfulness… Me guiña el ojo vestida con sus mejores galas e  incluso me invita a un café rápido. En alguna ocasión hemos llegado a tener una pequeña conversación intrascendente pero luego ambas nos despedimos de forma apresurada y cada una a sus cositas.

Yo no creo en las casualidades y por eso me dije: “Si por distintos sitios te hablan bien de alguien, ese alguien merece una oportunidad”. Y entonces pensé: “O decido evitarla definitivamente y no detenerme cada vez que me cruce con ella por el camino, o doy el paso y le propongo formalmente conocernos”.

Y en esas estoy desde hace una semana, firmemente comprometida a reunirme con doña “Meditación” todos los días en una cita de 45 minutos de reloj. ¡Toma ya! Y lo digo con conciencia porque, a día de hoy, no está siendo tarea fácil para mí.

Llevo ocho días y ya he faltado cuatro a mi cita, y eso que ella está siempre ahí puntual, esperando con los brazos abiertos y, francamente, me parece maja esta chica, algo tímida, poco habladora, pero sincera y sensata. Y yo, tensa y rígida como un palo, acudo a nuestros encuentros esperando relajarme, pero me impone mucho su presencia. Empiezo a pensar en si estaré adoptando la mejor actitud, en cómo llenar tantos minutos. Otras veces me ha ocurrido que estoy tan cansada cuando acudo a la cita, que caigo en brazos de Morfeo en cuanto me siento , ¡qué vergüenza! Por no mencionar cuando no consigo desconectar de mis asuntos y ando totalmente distraída, vamos, que no le presto ninguna atención. La verdad es que se me hace muy larga nuestra reunión diaria y estoy algo incómoda todavía.

Nadie dijo que los principios fueran fáciles, lo sé. Pero también sé que Meditación tiene mucho que enseñarme, solo necesitamos algo más de tiempo. Paciencia, Mabú, no seas ansiosa y ve pasito a pasito, seguro que nos haremos buenas amigas.

Acabo ya, Doña Meditación me espera y no quiero faltar a mi compromiso. Prometo perseverar y seguir compartiendo mis avances, porque ya no hay marcha atrás, porque tengo ocho semanas por delante para conquistar este nuevo reto y luego…, a celebrarlo, por supuesto. Námaste, lectores.

 Mabú.

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