He decidido mediar

Cuando me encuentro ante la toma de una decisión, a menudo me viene a la cabeza esa imagen tantas veces recreada en películas o dibujos animados en la que una parte de mí misma, sensata y responsable, a la que no sé bien por qué tiendo a colocar una corona de ángel y alitas, dialoga en tono bastante subidito, por cierto, con otra parte de mí más espontánea, alegre, irascible o maliciosa Resultado de imagen de angel y diablillo dibujossegún la situación, a la que imagino vestida de rojo y con unos pequeños cuernos de diablesa.

Y yo me pregunto…  ¿por qué lo racional y sensato tradicionalmente se asocia al bien y aquello más emocional, que tiene que ver con los sentidos y con lo placentero se asocia con el mal?

Tradicionalmente ha sido así y por consiguiente, en caso de conflicto, la razón debía imponerse siempre a la emoción. Sin embargo, ¿es necesario que  la emoción y la razón se líen a puñetazos dejándonos agotados y chupando nuestra energía en un diálogo absurdo y a menudo “de besugos”? ¿No podríamos mediar entre ellas para lograr un entendimiento? ¿No podríamos negociar y que, en lugar de ganar la partida uno de los dos contrincantes, llegáramos a un empate?

Por ejemplo, siguiendo el legado de Platón, podríamos educar enseñando a desear lo deseable. Es decir, ¿y si conseguimos que aquello que deseamos, nos gusta y nos apetece, aquello que nos hace vibrar y nos ilusiona resultara ser la opción más sensata, correcta y racional?  Seguro que nos pondríamos manos a la obra con total convicción y sin perder ni un minuto. Seríamos más eficaces y resolutivos y obtendríamos los mejores resultados. Estaríamos haciendo trabajar razón y emoción en la misma dirección.

260576-13011qp22027Pues bien,  yo me he propuesto mediar. Mediar entreResultado de imagen de mujer de negro dibujos mis dos monigotes vestidos de ángel y diablillo y hacer que se entiendan en ese que es mi diálogo interior. He decidido poner mis emociones al servicio de mis objetivos, de mi razón. Y por eso, ahora, he incluido a otro personaje más en mi conversación; lo llamo “Conciencia” y lo imagino vestido de negro y con un silbato. Sí, es un árbitro que escucha y da espacio a todas y cada una de mis emociones. Un árbitro concienzudo que atiende a razones, mide consecuencias y valora mis objetivos. Un árbitro emocionalmente inteligente al que acudo cada vez más a menudo y al que presto una atención consciente, pues es el que logra un entendimiento pacífico entre mis razones y mis emociones y consigue que logre una gestión más auténtica y eficaz de mí misma.

Mabú.

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