Voluntariado Ecuador (Agosto 2019)

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Valle del Chota (Ecuador) . ¡¡Que gran experiencia trabajando con niños que viven otras realidades, diferentes de forma, idénticas de contenido!! Trabajamos emociones, derechos, valores….que en cierto modo son universales, verdad? Si te apetece, puedes leer más sobre esta experiencia … Sigue leyendo

Valle del Chota, algo más que un río y una autopista

El primer día que llegas al Valle de Chota-Mira, el paisaje te impresiona. Mires hacia donde mires encuentras montañas, unas altas y empinadas, otras más bajas y redondeadas salpicadas de pequeños parches verdes. El color gris de la tierra se torna anaranjado en las laderas de esas montañas y según desciendes hacia el río el paisaje es verde y más frondoso. Entre tanta sequedad me llamó mucho la atención el río caudaloso que transcurre rápido atravesando el valle que lleva su nombre.  En unos tramos Chota y en otros Mira. En él y en su agua reside uno de los principales motivos del trabajo que AYUDA EN ACCIÓN (PINCHA AQUÍ) realiza en esta zona del norte de Ecuador.

Las comunidades de esta zona son pequeñas y muy dispersas en tan complicada orografía. Apenas se divisan las unas de las otras debido a las montañas y colinas que las separan. En algunas comunidades la mayoría de la población es de origen afro y sus habitantes de raza negra. Como Melany, la niña que apadrinamos desde hace casi ocho años. ¡Qué emoción conocerla por fin!

 

 

Tan solo una autopista, la Panamericana, cruza el valle. El resto son carreteras estrechas  y caminos de tierra empinados, llenos de curvas y baches que solo camionetas como las del equipo de AEA pueden recorrer cada día para visitar las diferentes aldeas.

Ya el segundo día me paré a pensar….un río y una autopista, agua y movilidad, recursos imprescindibles para garantizar desarrollo y calidad de vida. ¿Cómo hacer que lleguen a todos estos habitantes tan dispersos? ¡Qué gran reto!

Reservorios de agua para las grandes plantaciones de mango y aguacate, sistemas de riego a pequeños agricultores, seguimiento y formación para el control de plagas. Gracias, Sandro, por tu gran sabiduría agrícola. Me encantó ver cómo, además, sacan partido a lo que tienen y crece con poca agua ¡el higo chumbo!  Lo llaman tuna, y es que el muy tuno tiene un montón de propiedades nutritivas y sirve para reducir el colesterol, mejorar la digestión, y hasta para hacer cosméticos y cremas. ¿Verdad, Silvia?

La mitad de mi equipo de voluntarios participó en el reparto a familias de filtros para potabilizar el “agua de llave”. Porque afortunadamente el agua llega hasta sus casas y sus grifos, pero desgraciadamente no es potable aunque ellos la beben. Tuve la suerte de acompañarles un par de días y disfruté mucho haciendo el esfuerzo por conectar con las familias y hablar su idioma… ¿alguien sabía que limpiar y lavar no significa lo mismo?

El tercer día conecté con Isabel y me uní a su gran labor educadora y defensora de los derechos de la infancia en estas pequeñas comunidades. Con paciencia y entrega esta gran mujer de principios sólidos, alma generosa, y tímido sentido del humor, recorre cada día los tortuosos caminos que unen las distintas poblaciones para reunirse con los niños que en ellas habitan. Con juegos, canciones y manualidades arranca sonrisas que ella va recogiendo en su mochila. A cambio de esta preciada cosecha, Isabel va sembrando en ellos semillas de igualdad, tolerancia y respeto. Derechos, entre otros, que llevan trabajando tiempo, pero que cuesta poner en práctica en el día a día. Rosita, con su alegría y gran sonrisa, nos contó su trabajo con los jóvenes en las reuniones de los sábados. Estos jóvenes se convierten en referentes en la defensa de derechos en su comunidad y tuvimos la suerte de acompañarlos en una acampada en la que hubo de todo: reflexión y trabajo, juegos, comida, música, baile… ¡mamarre, mamarre!…

A partir del cuarto, quinto y….hasta el último día de mi estancia allí, me permití abrirme a lo que viniera, a dejarme llevar, a admirar esa dedicación de las mujeres ecuatorianas, valientes y capaces, duras y responsables. A aprender de esa alegría de la gente, de sus buenos modales en el trato y a sorprenderme de que tener familia en determinados países es un lujo y no un derecho. Un lujo como es para mí haber vivido esta experiencia precisamente con mi familia y tres compañero/as que son ya como si lo fueran. ¡GRACIAS ECUADOR!

La bailarina de Auschwitz, Edith Eva Eger

Una vez más llega a mis manos un libro sobre el pueblo judío y una vez más me adentro en su lectura, ávida por conocer. En este caso es la historia de Edith Eger, superviviente del campo de concentración de Auschwitz. No sé que tiene la historia de este pueblo que tanto me atrae, quizá sea porque durante una época compartimos tierra y avatares y su ausencia me produce tristeza y la nostalgia del país que podíamos haber sido, de estar aún entre nosotros.

Las reseñas del libro hablan de una historia de superación ante las adversidades. Yo más bien creo que es una historia de amor. Amor por la vida. Y en paralelo, la necesidad de ser amado, de pertenecer, de ser reconocido.

Edith nos deja un maravilloso legado en forma de innumerables aprendizajes a partir de vivencias extremas y de su forma de encarar la vida tras la liberación. Creo que ella se alegraría al saber que su experiencia es de utilidad para nosotros, tan ajenos a los campos de exterminio nazis, pero en ocasiones, tan prisioneros de nosotros mismos en nuestra propia mente, como ella explica.

La autora menciona a su amigo y mentor Viktor Frankl y su libro El hombre en busca de sentido, en el que llega a la conclusión de que la persona que encuentra un sentido a su vida, un para qué, tiene más posibilidades de salir adelante, de sobrevivir. La privación de nuestras libertades es posible, pero la única que nadie puede arrebatarnos es la libertad de elegir cómo queremos vivir las situaciones que se nos presenten. Nuestra actitud, es una elección personal. No depende de las circunstancias. Y añade, si somos capaces de encontrar un sentido a nuestra vida, entonces seremos capaces de elegir esa actitud.

Ya a Epicteto, filósofo griego del siglo I, se le atribuye la idea del “albedrío” como nuestra capacidad de elegir en cada momento qué y cómo pensamos: la libertad pura. Decía que no nos perturba lo que nos ocurre, sino lo que pensamos de ello.

Creo que ambos autores inciden en la misma idea y nos dan claves para replantearnos nuestra forma de vivir las circunstancias que nos encojen el alma. Sin embargo, una cosa es entenderla y otra bien distinta llevarla a la realidad y hacer exactamente eso, usar nuestra libertad.

Para reflexionar sobre esta idea, solo una de tantas de este maravilloso libro, empiezo por preguntarme ¿qué es lo que compromete nuestra libertad?.

 

Voy a ir abriéndome camino a través de preguntas y respuestas.

¿Qué sabemos de nosotros mismos?

Creo que este es el punto de partida. Cuando nos vemos atrapados en una situación que nos parece muy difícil de manejar, cuando esta situación nos bloquea, nos atenaza el miedo, la ira o la tristeza y entramos en bucle dándole vueltas y más vueltas, seguramente estamos reaccionando ante ella de la misma manera que lo hemos hecho en situaciones parecidas durante años, dando la respuesta por defecto, la que nos sale de dentro sin más, la automática. Podemos seguir así toda la vida, viviendo y reviviendo los mismos ataques en situaciones parecidas. Pero también podríamos hartarnos de nosotros mismos y soñar un escenario diferente. En ese caso urge una parada en seco para observar qué es lo que está ocurriendo y analizarlo. Esto requiere muchísimo entrenamiento. Parece simple, pero no lo es. El solo hecho de querer parar a observar indica que quizá, sólo quizá, me quiera plantear mi mundo más allá de mi ombligo, que quizá quiera empezar a mirar dentro de mí qué es lo que a mí me pasa para que esa situación me saque de mis casillas, me paralice, me llene de rabia… Resulta de gran ayuda observar a otras personas en situaciones parecidas y ver cómo reaccionan. Es posible que muchos sean de los míos y su ejemplo no me sirva… pero salvo que estemos en un entorno de borregos absolutos, también es posible que haya alguien que ante una situación parecida dé una respuesta original. Bingo. Me hará ver que la mía, no tiene por qué ser la única opción. Es el momento en el que podemos tomar consciencia de nosotros mismos, de empezar a conocernos.

¿Toma de consciencia?

Para mí la toma de consciencia tiene que ver con despojarme de mentiras que me ha ido creyendo sobre mí misma y bucear en mi mirada y en mi corazón. Tiene que ver con descubrir, con sacar la lupa y husmear en cada rincón para conocer cómo pienso, qué emociones predominan en mí, cuáles son mis comportamientos, de qué forma me miro y miro a los demás, cuáles son mis sueños, cuáles mis miedos, mis angustias, qué me hace vibrar. La lista es larguísima y hay que ir poco a poco con la bandera de la humildad y el coraje desplegada. El paisaje que nos vamos a encontrar es al mismo tiempo desierto y oasis y mi mejor compañero para transitarlo será el Amor con mayúsculas, que me ayudará a comprender, dar sentido, suavizar, aceptar y amar cada granito de ese océano de arena.

¿Qué cadenas nos impiden ser libres?

Cuando ponemos sobre la mesa nuestros tesoros internos, veremos que algunos son liberadores, expansivos, llenos de vida y otros sin embargo son como cadenas que nos atan y nos hacen caminar cojeando. Hacia los primeros, gracias, infinitas gracias. A los segundos, hete aquí, pasa y hablamos. Y me remango. Me hago responsable de ellos. La libertad viene de la mano de la responsabilidad, como dice Edith Eger. No son los otros los que me provocan esto o lo otro. Es mi yo más profundo el actor principal y al que le queda mucho por aprender. Así que me preparo para trabajar sobre ellos, para saber qué color, olor y textura tienen. De qué forma limitan mi vida e impactan en la de los que me rodean, de qué manera me incapacitan para dar las respuestas que yo quiero dar, cómo influyen para quitarme la paz que tanto ansío. Todo eso está dentro de mí, raramente fuera. Y por eso hay que remangarse, no queda otra. Conviene conocer cuáles son mis rencores, mis angustias, mis reacciones automáticas, mis anhelos, mis necesidades más escondidas, mis intenciones reales, mis inseguridades, el tamaño de mi ombligo o los límites de mi victimismo… por decir algunos. Y cuando tengo cierta claridad sobre ellos espero a una ocasión propicia para observarme, tipo sabueso detrás de la presa. Tranquilos, la presa no se hace esperar. Bang. Aparece. Algo me quita la paz. Ahí está la ocasión. Con mi pequeño arsenal de aprendizajes me pongo detrás de la barrera  para tomar distancia y observo de qué está compuesta mi cadena y la gran bola en el extremo. Es el momento de escuchar el ruido estridente que produce a mi paso, lo que provoca en los demás y la estela que deja. Tengo que reconocer que este trabajito es solo para valientes. En medio de la tormenta a ver quién es el guapo que es capaz de asociar rayos y truenos con cadenas y bolas. Más bien nos inclinamos a pensar que la borrasca llegó de forma repentina por el noroeste, como siempre y hala, a correr, como siempre.

¿Qué pasaría si nos quitáramos las cadenas?

Si hemos realizado un dibujo minucioso de nuestras cadenas y conocemos las consecuencias de arrastrarlas, es el momento de decidir qué queremos hacer con ellas. Ay amigo, ese es un pedazo de reto. A veces preferimos mantenernos en la indiferencia, la rabia, el victimismo… algo sacamos de ello. Y como contrapartida vivimos una vida mediocre, estéril, infecunda. Pero hay personas que, enamoradas de la vida,  prefieren atreverse a romper con ellas. Ese es el principio de la libertad. Sin cadenas somos libres para decidir qué hacer, cómo actuar, qué respuesta dar, qué sentir, con qué actitud vivir… No sentir ningún peso que nos arrastre es como volar. Como volar por encima de nosotros mismos y de las circunstancias.

¿Y qué hacer con esa libertad?

Esta es la pregunta. Y para mí solo hay una respuesta posible. Ser libre consiste en querer elegir amar, perdonar, dar una y mil oportunidades, olvidar, comprender, entrar en el corazón del otro como el que entra en una capilla, porque es terreno sagrado. Solo así, somos realmente libres y vivimos una vida con sentido.

Desde este pequeño rincón, un millón de gracias, Edith, por enseñarme que la prisión es una elección, igual que lo es la libertad.

Ana

CREANDO NUESTRO MÁNDALA

EXTRAESCOLARES INFANTIL Y PRIMARIA (Marzo 2019)

Disfrutamos mucho pintando mándalas, nos relaja y centra nuestra atención, pero ¿sabemos qué son? ¿Qué significado tienen?

El mándala tiene su origen en la India y su nombre en sánscrito significa círculo o rueda. Son de diferentes colores y en su mayoría incluyen figuras geométricas. Se comienzan desde el centro hacia fuera, despacio, con paciencia, siendo muy conscientes de lo que estamos creando. 

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En el cole hoy hemos practicado visualizando mi propio mándala, ese que surge de mi centro, de lo más profundo de mi Ser y se expande con cada exhalación que emana de mis pulmones. Ese mándala que me va cubriendo como una manta cálida que me aporta seguridad, bienestar y confort. Mi energía que fluye y  se mezcla con la de mis compañeros.

Después hemos construido nuestro mándala de grupo, en el que todos aportamos desde nuestro centro, del mismo modo que una planta crece desde la semilla o una célula origina un ser vivo. Hemos usado galletas con distintas formas, cereales de colores, conguitos y hasta regaliz. En silencio y con música, en un proceso de creación colectivo en el que unimos nuestras energías y ponemos a prueba nuestro control de impulsos y nuestra capacidad de concentración.

Toda una experiencia que no puede terminar de otra forma que compartiendo entre todos nuestra obra maestra.

¡Buen provecho!

La varita mágica de resolver conflictos (Mayo 2018)

Todos los hermanos se pelean alguna vez, y algunos demasiado a menudo. Esto es lo que les ocurre a nuestras protagonistas del cuento que hemos contado hoy en el grupo de infantil. ¡Y eso que nuestras protagonistas son hadas del bosque! ¡Y tienen poderes con su varita mágica!

Hoy, entre todos, hemos construido nuestra varita mágica para resolver conflictos, y hemos comprobado si funciona siguiendo los tres pasos necesarios para llegar a estrechar nuestras manos y volver a ser

AMIGOS OTRA VEZ.

¡Qué importante es sentirnos seguros para arreglar una pelea con un amigo, una discusión con mamá o un enfado conmigo mismo porque no consigo lo que quiero! Ahora tengo esta varita mágica que me ayudará a lograrlo, solo tengo que mirarla y usarla cuando me sienta triste o enfadado.

                                                                               ¡Así es más fácil!